332.

A veces recuperas el viejo placer de verte atrapado por un libro. Viejo, porque es difícil en la actualidad dar con una novela que no te deje respirar. Esta sensación te ha embargado con Of Human Bondage de William Somerset Maugham. El autor parece ser que estuvo de moda en España hace algunas décadas, y de una antigua colección que había en la biblioteca de tu padre te suena su nombre. Te has abismado en la historia de un hombre con el que te has identificado. No hay truculencias, ni desvaríos. El mayor traspiés del protagonista es un amour fou por una muchacha descerebrada y manipuladora. Te has sentido cerca de su timidez, de las secuelas en su carácter de un defecto físico, de la lucha por sobrevivir, de los efectos del descubrimiento paulatino de la inexistencia de Dios, de la certeza de que la vida carece de sentido, de la desorientación vital, de los sueños de huida a horizontes nuevos, de la bajada final a la realidad en brazos de una mujer sensata y centrada. Junto a estos rasgos, hallas una descripción de la mentalidad de la clase media inglesa y de las penalidades de la clase baja. Si le unes que has podido leerlo en inglés con soltura gracias a un lector de libros electrónicos, en los que dos simples golpecitos sobre una palabra te permite consultar inmediatamente el diccionario, el resultado es esplendoroso.

 William Somerset Maugham, Of Human Bondage, edición digital en http://www.gutenberg.org/ebooks/351.

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2 comentarios on “332.”

  1. Somerset Maugham, a despecho de las modas, es uno de los grandes. Y tu reseña es además calzador e invitación grata a leerlo.
    saludos blogueros

    • Emilio dice:

      Gracias, José Antonio, por este comentario y por el anterior. He entrado en tu blog y me vas a ver entre tus seguidores. Por lo que he leído, me siento muy identificado con tu peripecia intelectual, ideológica y personal. En cuanto a Maugham, sostengo tu afirmación. Tengo ya en lista de espera otras de sus obras. El placer por lo truculento, lo trangresor (¿pero es queda algo aún por transgredir?), el desquiciamiento, la marginalidad están alejados de lo que llevo leído de Maugham. Y eso no cotiza en esta sociedad en descomposición. Quizá la ausencia de esos rasgos explique algo su pase a segunda fila en la apreciación literaria de la contemporaneidad.


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