336.

Alguien dijo alguna vez que si le daban la escuela primaria, crearía una nación. Más o menos, que no recuerdas en su literalidad la cita. Es significativa porque hoy en día más que nunca, la instrucción pública es un instrumento en manos del poder político. Cada mandatario que accede a la poltrona sueña con teñir la sociedad del color de sus sueños. El resultado más obvio es la aspiración a que todos los futuros ciudadanos se formen bajo el yugo de un único modelo de instrucción y sometido a una sola visión ideológica. En España está de moda desde hace más de dos decenios un modelo rousseauniano, al aire del buen salvaje, que se ha impuesto a todo el mundo. O casi. Se salvan los que tienen suficientes recursos como para escapar, euro en mano, de la catástrofe. A ti se te antoja que algo se podría salvar de la instrucción pública si se dejara que cada familia decidiera cómo debe impartirse la de sus hijos. Abogas por el cheque escolar a rajatabla. Si te gustan los curas y las monjas, pues tus hijos a colegios de curas y monjas. Si te gustan los colegios hippies del tipo de aquel fenecido Summerhill, pues a uno de ésos. Si te gusta la disciplina laica, pues tal para cual. Si prefieres educar en casa, pues miel sobre hojuelas. Nada de centros cuya titularidad es estatal. Todo los centros serían privados y, al tiempo, públicos, por cuanto estarían sostenidos por el dinero procedente de los impuestos. La propia sociedad con la sabiduría espontánea que la caracteriza cuando se la deja libre, acabaría por decidir qué modelo es el adecuado para sobrevivir en el mundo actual. La medida del afán totalitario de un poder político lo da la renuencia al cheque escolar. Porque, al final, eso supondría que el estado sólo tendría potestad para emitir unos títulos tras un examen general. Y, por cierto, parece ser que en Suecia funciona.

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One Comment on “336.”

  1. Ma. Elena Torres dice:

    En mi México querido la educación es una farsa bajo el modelo de la conveniencia sindical y la corrupción. Los padres nos sentimos desolados pero la mayoría de las veces hemos solapado este sistema y no vemos la salida porque estamos suplicando al Gobierno Federal que resuelva o a Dios por un milagro. Las dos peticiones suenan inútiles mientras nosotros mismos seamos la raíz del problema.


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