414.

Los sables, de Yukio Mishima es una colección de relatos. Te has sumergido en la lectura con un placer que ha ido incrementándose conforme avanzaban las páginas y los cuentos se sucedían. Los que evocan la adolescencia del autor te han atrapado. El último es genial, con ese profesor universitario de literatura ajado, rígido y feo al que sirve como semi esclava una viuda con ansias literarias. Y un final sorprendente. Hay en todos una típica suavidad japonesa que en Mishima se torna punzante. Pervive en esa especial sensibilidad del nipón por la contemplación de la naturaleza, mientras que los personajes muestran la frialdad y contención que a los mediterráneos tanto nos asombra. Todo envuelto en la tintura “Mishima”, con una fuerza, una energía solapadas que rezuman como vapor por los resquicios de los relatos. No dejas pasar la viveza de la descripción de la sociedad japonesa anterior y posterior a la II Guerra Mundial. Qué contraste con ese otro libro que se te ha caído de las manos. Aburrimiento absoluto es la sensación que te ha dominado a pesar de tus nobles intentos por terminarlo. Llegas a pensar que tu sensibilidad literaria no es normal o está deteriorada cuando leíste en dos ocasiones los cantos laudatorios de los críticos del diario El Mundo en su suplemento literario. Se supone que José María Merino es uno de los grandes cuentistas del panorama literario español. Compraste, pues, y comenzaste la lectura de El libro de las horas contadas. Ya te habías embuchado antes alguna otra cosa del autor, aunque no recuerdas qué ni el contenido ni las características de los textos. No sabes si será que te estás haciendo viejo y ya poco te sorprende, si será que no te percibes vinculado al mundo que te rodea ni a sus emanaciones. Podrías aducir que la trama es insulsa, que los relatos pretenden una conexión que no se traba, que sus incrustaciones de minicuentos en medio del hilo no te han llegado a ninguna de tus fibras internas, que su prosa te parece pobre. Pero no sigues. Y para endulzar el final, dejas constancia de este tanka de la emperatriz y poetisa japonesa Efuku mon-in (1271-1342), recogido en el libro de Mishima. Bellísimo, a tu juicio, a pesar de no poderlo leer en el original:

Atardecer.
La luz por los aleros
ya es fugitiva,
pero sobre la flor
un rato se entretiene.

Yukio Mishima, Los sables, trad. Akiko Imoto & Carlos Rubio, Madrid, Alianza, 2011.
José María Merino, El libro de las horas contadas, Madrid, Alfaguara, 2011.

Anuncios


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s