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De ese libro tienes siempre en la memoria las imágenes de una película titulada en español El tiempo en sus manos. La dirigió George Pal en 1960 y está protagonizada por Rod Taylor. Hasta ahora no te metiste en la lectura de la novela que está en su base. La lees en inglés y te resulta tan fascinante como esperabas. Frente al optimismo que rezumaba Europa en el período finisecular entre el XIX y el XX, Wells se inclina por un pesimismo que se te antoja premonitorio de la matanza de la Gran Guerra. Ese mundo futuro del año 800.000 y pico es la quintaesencia de lo peor y lo mejor de lo humano. La feliz caterva, despreocupada, satisfecha, viviendo en una tierra amable y un clima benéfico de un lado y los gusanos caníbales, ciegos como topos, habitando el mundo subterráneo de otro son las dos caras de la moneda del alma humana. Quién sabe si Wells preveía el contraste entre la fantasía de los Eloi que eran sus contemporáneos y la realidad de los Morlocks que dejaría los campos de la vieja Europa convertidos en un lodazal de carne y sangre. Mientras, sus amigos, cultivados y británicos, lo miran y atienden incrédulos. Desaparece con buen criterio a bordo de su máquina y nunca se sabe más de él. Lo cuenta el narrador. Y tú sí que lo crees. Te acercas también a otro clásico: don Miguel de Unamuno y su novela Niebla. Delicioso como siempre, el ilustre bilbaíno en su tratamiento de ese género convencionalmente denominado novela y que él retuerce en tan contemporáneo juego hasta convertirlo en moderna versión de drama calderoniano. La vida es sueño. Somos un sueño de Dios con el riesgo seguro de que despierte un día y desaparezcamos. Somos tan frágiles como los personajes de las novelas en manos de sus autores. Al tiempo, somos seres de carne y hueso con pasiones y anhelos. Somos personas con la infinita variedad de caracteres: el tonto, la lista, el aprovechado, la ingenua, la resabiada. Hasta hay un perrillo fiel y amigo de lametones con el mítico nombre de Orfeo. Y al final, ese giro tan unamuniano que convierte una novela en nivola llevando a la confusión entre autor y personaje, entre realidad y fantasía, en la que los humores de El Quijote se enredan con los sueños moldeados en palabras de don Miguel. Como en ocasiones previas con otras experiencias tuyas en las obras del Catedrático salmanticense, queda prendido en tu espíritu su delicado, a la par que penetrante, humor en el tratamiento de los héroes y de su peripecia. Siempre te sedujo esa sonrisa oculta bajo el traje negro con jersey al austero estilo de castellano viejo que siempre llevaba puesto don Miguel.

 H.G. Wells, The Time Machine, http://www.gutenberg.org/ebooks/35

Miguel de Unamuno, Niebla,   http://www.librodot.com/getbook.php?num=418&type=pdf

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