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Frente al desencanto del reencuentro con Ray Bradbury, las aventuras del Jabato te han llevado por otras sendas. Eras consciente esta vez de que en la lectura del tebeo no iban a  desplegarse las emociones de tu adolescencia, sino las más ingenuas de tu infancia. Mientras pasabas sus páginas, tu memoria te ha llevado a aquellas tardes de sábado en que, al salir de misa, tu padre te acercaba al kiosco de Pedro. Era un cuchitril pegado a una esquina del que salía una explosión de chucherías mezclada con revistas y periódicos. Todo desbordaba los recónditos márgenes de un cubículo oculto entre la maraña de objetos. En un primer momento, caían ejemplares de Pumby y del TBO original. Más adelante, cayeron las Hazañas Bélicas, El Capitán Trueno y El Jabato. El otro día, mientras brujuleabas en una librería, topaste con ese álbum y te lo llevaste. Ahora te has hecho consciente de que los protagonistas nunca derraman sangre. De que, aun habiendo espadas, flechas y cuchillos, no hay una sola tajadura. Todo se arregla a puñetazos. Y qué decir de la moral caballeresca del Jabato. De sus castas relaciones con esa angelical Claudia. Contemporáneos Quijotes, llenos de cordura esta vez. Todo un universo que revive para ti con una sonrisa en los labios. Has disfrutado de sus aventuras. Y, probablemente, comprarás más de esas reediciones.

 Víctor Mora & Francisco Darnís, Jabato (¡”Cara de Hierro” ataca!, El subterráneo de los “hormigas”, Estatuas vivientes, La muerte al acecho), Barcelona, Ediciones B, 2012.

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