562.

Cierto sector de la sociedad española anda muy revuelto con eso de la subida del IVA. Te refieres a los que viven de lo que ellos mismos llaman “cultura”. Engloba esta actividad desde pintores de brocha fina a escritores, desde cineastas hasta músicos y actores. Patulea de gente que se siente superior a los demás mortales. Dicen que lo suyo no es negocio. Que lo suyo es fundamental para la sociedad. Lo dicho, se creen superiores cuando en ese plano un agricultor lo sería más que ellos. Toda esta mitificación de la cultura es otra de las rémoras del marxismo en versión Antonio Gramsci. Cuando el fracaso de la adhesión obrera llevó a la infiltración de los templarios del ideal en el ámbito de los “trabajadores de la cultura”. Había que sustituir la cultura burguesa por la proletaria. Dominar un mundo que dominaba al mundo. En nuestras sociedades del bienestar socialdemócrata lo consiguieron con todas las ventajas del control izquierdista y ninguno de los inconvenientes del totalitarismo soviético o maoísta. Y crearon otra casta de privilegiados que viven al margen de esa misma sociedad que los mantiene con su sudor a base de impuestos abusivos. En eso ha quedado todo: en un ansia incontenible de privilegios. Bienvenida sea la nivelación de las industrias culturales con el resto de las industrias. Que carguen el IVA lo mismo que los que abren su tienda cada día o fabrican coches. En definitiva, a pesar de tanta cultura (progre) la mayoría sigue siendo tan cenutria como siempre.

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561.

ESTAMPAS ANDALUZAS

Te encuentras en la cola de la caja del supermercado con P… P… es propietario de un terreno al borde de una curva cerrada en la carretera que circunvala el pueblo. P… decidió hacerse una casa. O mejor, una mansión, en su terreno. P… decidió que la entrada a su hogar merecía un porche y una escalinata. P… sabía que entre su propiedad y el borde la curva se extendía una pequeña parcela que no le pertenece y  que no puede ser tocada porque el Ayuntamiento tiene previsto desde décadas atrás ampliar esa curva peligrosa. P… pensó que las decisiones del Ayuntamiento eran eso, decisiones del Ayuntamiento. Así que ordenó a su contratista que edificara la fastuosa entrada en esa parcela. En sesión plenaria del Ayuntamiento, un concejal de la oposición interrogó al alcalde sobre esa escalinata en la curva peligrosa. ¿Qué medidas iba a tomar el consistorio? El alcalde dijo lo de siempre. Campanudo, ahuecando la voz, irguiendo el torso. La legalidad se cumpliría a rajatabla. Como siempre, el pleno fue transmitido en directo por la televisión local. Te encuentras con P… en el supermercado. P… espera en la cola para abonar el importe de una compra. Un vecino que va tras él, le golpea suavemente el hombro y le advierte de lo que le espera a su mansión. Ambos sonríen, luego ríen abiertamente. A la carcajada se suman la cajera y otros clientes que aguardan el turno. Tú no te ríes. Como siempre.


560.

[1] ὡς οἱ κακοὶ τραγῳδοὶ μόνοι ᾆσαι οὐ δύνανται, ἀλλὰ μετὰ πολλῶν, οὕτως ἔνιοι μόνοι περιπατῆσαι οὐ δύνανται. [2] ἄνθρωπε, εἴ τις εἶ, καὶ μόνος περιπάτησον καὶ σαυτῷ λάλησον καὶ μὴ ἐν τῷ χορῷ κρύπτου. [3] σκώφθητί ποτε, περίβλεψαι, ἐνσείσθητι, ἵνα γνῷς, τίς εἶ.

Del mismo modo que los malos actores de tragedia son incapaces de cantar solos y cantan junto a otros muchos, algunos son incapaces también de caminar solos. Hombre, si eres alguien, camina solo también tú, habla contigo mismo y no te ocultes en el coro. Búrlate a veces, mira alrededor, agítate para que conozcas quién eres.

 Epicteto, Discursos III 14.1-3. 

*                   *                   *          

 πανταχοῦ γὰρ ἰσχυρὸν τὸ δόγμα, ἀνίκητον τὸ δόγμα.

 Por doquier es fuerte la opinión, invencible la opinión.

 Epicteto, Discursos, ΙΙΙ 16.8.

*                   *                   *          

[21] τὸ σωμάτιον δὲ οὐδὲν πρὸς ἐμέ· τὰ τούτου μέρη οὐδὲν πρὸς ἐμέ. θάνατος; ἐρχέσθω, ὅταν θέλῃ, εἴτε ὅλου εἴτε μέρους τινός. [22] φυγή; καὶ ποῦ δύναταί τις ἐκβαλεῖν; ἔξω τοῦ κόσμου οὐ δύναται. ὅπου δ᾽ ἂν ἀπέλθω, ἐκεῖ ἥλιος, ἐκεῖ σελήνη, ἐκεῖ ἄστρα, ἐνύπνια, οἰωνοί, ἡ πρὸς θεοὺς ὁμιλία.’

 El cuerpo este no es nada para mí. Sus partes, nada para mí. ¿La muerte? Que venga cuando quiera, completa o de una parte. ¿El exilio? ¿Dónde puede alguien expulsarme? Fuera del mundo no puede. Donde vaya, allí habrá sol; allí, luna; allí, estrellas, sueños, augurios y la cercanía de los dioses.

 Epicteto, Discursos, III 22.21-22

*                   *                   *          

 τὰ ἀγαθὰ ἔξω μὴ ζητεῖτε, ἐν ἑαυτοῖς ζητεῖτε· εἰ δὲ μή, οὐχ εὑρήσετε.

 No busquéis las cosas buenas en el exterior, buscad dentro de vosotros mismos; si no, no las encontraréis.

Epicteto, Discursos, III 24.112

*                   *                   *          

[128] ἄγε οὖν ἐπέλθωμεν τὰ ὡμολογημένα. ὁ ἀκώλυτος ἄνθρωπος ἐλεύθερος, ᾧ πρόχειρα τὰ πράγματα ὡς βούλεται. ὃν δ᾽ ἔστιν ἢ κωλῦσαι ἢ ἀναγκάσαι ἢ ἐμποδίσαι ἢ ἄκοντα εἴς τι ἐμβαλεῖν, δοῦλός ἐστιν. [129] τίς δ᾽ ἀκώλυτος; ὁ μηδενὸς τῶν ἀλλοτρίων ἐφιέμενος. τίνα δ᾽ ἀλλότρια; ἃ οὐκ ἔστιν ἐφ᾽ ἡμῖν οὔτ᾽ ἔχειν οὔτε μὴ ἔχειν οὔτε ποιὰ ἔχειν ἢ πῶς ἔχοντα. [130] οὐκοῦν τὸ σῶμα ἀλλότριον, τὰ μέρη αὐτοῦ ἀλλότρια, ἡ κτῆσις ἀλλοτρία. ἂν οὖν τινι τούτων ὡς ἰδίῳ προσπαθῇς, δώσεις δίκας ἃς ἄξιον τὸν τῶν ἀλλοτρίων ἐφιέμενον. [131] αὕτη ἡ ὁδὸς ἐπ᾽ ἐλευθερίαν ἄγει, αὕτη μόνη ἀπαλλαγὴ δουλείας.

 Bien, vayamos a aquello en lo que estamos de acuerdo. El hombre que carece de impedimentos, el que tiene a su disposición las cosas que quiere es libre. Aquél al que se puede impedir algo, obligar, obstaculizar o empujarlo contra su voluntad hacia algo, es esclavo. ¿Quien carece de impedimentos? El que no desea ninguna cosa ajena. ¿Qué son las cosas ajenas? Las que no dependen de nosotros en su posesión o su no posesión, ni en su cualidad ni en su forma. Por tanto, el cuerpo es algo ajeno, las partes del mismo, ajenas; las posesiones, ajenas. Si aceptas algunas de estas cosas como algo propio, serás condenado con el castigo que merece quien desea lo ajeno. Éste es el camino hacia la libertad; ésta sola, la liberación de la esclavitud.  

 Epicteto, Discursos, IV 1.128-131.


559.

LAS VIEJAS

 Hubo mañanas en que la iglesia estaba llena de fieles. No había sólo viejas vestidas de negro, con la salmodia muda de sus lamentos urdidos entre las cuentas de sus rosarios y las hojas de sus misales. Aquella hora en que aún la alborada no ha hecho constar su resplandor nunca obstó en aquellos años pasados para la lealtad de los creyentes. Ni el frío del invierno, ni las nevadas ocasionales. Ni la lluvia que tanto frecuentaba las calles de la ciudad en enero y febrero. Imperceptiblemente, como crecen los niños y menguan los ancianos, el número de los asistentes fue perdiendo cifras y cuerpos. Los primeros en desvanecerse fueron los jóvenes. Luego, los hombres de mediana edad. Siguieron las mujeres maduras. En los últimos años, sólo el grupo de viejas resistía impenitente en la misa de siete de la mañana. Cuando la última falleció, el cura se encontró solo una mañana. Nadie había en el templo a las siete. El obispo, conocedor de la situación, le dio permiso para dejar de celebrar la liturgia, pero el sacerdote cada mañana entraba en el altar y ante un atrio vacío, cumplía con la misión a la que se había comprometido hacía más de cincuenta años. Llegó a sentir nostalgia de la presencia de aquellas viejas de ropa negra y alma oscura. Una última vieja que asistió a la misa, con su vestido negro y su rostro ajado, se lo llevó consigo.

 


558.

Que el socialismo en sus diferentes versiones es una faceta del credo religioso resulta evidente por muchas razones, la menor de las cuales no es que sus fieles se empeñen en continuar con la devoción de forma irracional y a pesar de que son más que evidentes sus contradicciones. Sus adalides y profetas lo proclaman como el final de las desigualdades y el inicio del paraíso en la tierra. Pero, una vez en el poder y consolidado, las sociedades que crean son más miserables que aquellas en las que el capitalismo y la libertad son la guía. Por eso, salvo algún colgado como el tal Assange, nadie pide asilo huyendo de los países libres, mientras que lo contrario es el pan nuestro de cada día. Ni en Venezuela, ni en Ecuador, ni en Bolivia, ni en Corea del Norte, ni en Cuba ni en otros lugares semejantes, ha desaparecido la pobreza de la calle. Ni la delincuencia, ni el hambre. En la Argentina peronista donde el gobierno se empeña en publicitar su adhesión al “pueblo”, las bolsas de pobreza, el chabolismo y la miseria siguen donde estaban. Y sus habitantes siguen subsistiendo a dura penas. Contentos con la líder, claro está. Pero míseros como siempre y sin esperanzas de salir del pozo porque las sociedades socialistas coartan cualquier intento de promoción personal y están interesadas en mantener el grueso de la población en el umbral de la subsistencia mediante el subsidio estatal. Nada han arreglado nunca los socialistas salvo su propio bienestar. Al final, Sánchez Gordillo y los suyos no pelean por una sociedad justa, sino por que el Partido alcance el poder y usarlo luego a su antojo.


557.

Tu relación con ella marcha bien. No hay nubarrones ni tormentas en el horizonte. Ella es la que conociste hace siete años. Vuestra vida transcurre plácida con los normales sobresaltos en el diario de dos personas que conviven con plena voluntad y conciencia. Al oír esa música, sin embargo, todo parece como de otro mundo. Fue la que adornó aquellos primeros momentos. Los del descubrimiento, de la luz mutua, de la pasión, de la ansiedad por no vivir una separación que durase más allá de los segundos. Los dos sois los mismos. Vuestro tiempo sigue estando compartido con serenidad y placer. No hay tempestades a la vista, aunque no os confiáis y sabéis que la vida juega malas pasadas y en un instante el castillo de naipes puede derrumbarse. Amáis con el cimiento de la madurez. Echando la vista atrás, sin embargo, aquellos días parecen otro mundo y sus protagonistas, vosotros, diferentes personas. Tanto, que habéis decidido no volver a escuchar esa música. Cosa rara eso del amor que iguala a la postre las sensaciones que brindan las historias de final feliz con las que provocan los relatos de un fracaso.


556.

La lectura de La Cartuja de Parma te ha provocado sensaciones contradictorias. De un lado, en ciertos momentos te ha parecido algo pesada. Los episodios del encarcelamiento en la torre y los tratos del protagonista Fabricio del Dongo con su amada Clelia Conti te son algo cansinos. En otros momentos, te ha atraído. En todo caso, es un excelente recorrido por una de esas cortes del ya agonizante absolutismo en la primera mitad del siglo XIX europeo. Múltiples caracteres, tramas propias de una sociedad cerrada, mentalidades que ya suenan a caducas. Y una estupenda muestra de la novela romántica. Al final, cuando terminas, te queda buen sabor de boca y agradeces que la prosa sea sencilla y directa.   

Stendhal, La Chartreuse de Parme, http://www.gutenberg.org/ebooks/796