611.

Como dicen los epicúreos y también, paradójicamente, los budistas, cuando la muerte está, no estamos nosotros. Cuando hay vida, hay sólo vida; cuando hay muerte, hay sólo muerte, decía Dōgen. En la muerte no hay gozo, pero tampoco sufrimiento. No hay añoranza por la vida perdida, como suponían los griegos que las almas, empalidecidas en etéreas sombras, gemían en el Hades. Lo que aterra de la muerte es más bien el dolor y la angustia. El primero es comprensible porque la enfermedad, frecuente antesala de la muerte, suele venir custodiada por el dolor físico y mental. La segunda deviene como consecuencia del instinto esencial de todo ser vivo: la supervivencia. Nos angustia morir porque nuestro instinto más profundo nos impulsa a la vida. Sea como sea. Así que, llegados a este punto, la mejor muerte es la que llega inesperada, sin dejar que la conciencia del ser vivo perciba sus pasos.

Anuncios


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s