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No eres aficionado a la novela negra. Leíste algún Chandler y algún Hammett hace años. Pero por la curiosidad de ver en su estado original lo que te clavaba a la pantalla en las películas que inspiraban. Eres, sin embargo, fiel a la serie de Lorenzo Silva que tiene como protagonistas a los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. Con la acostumbrada fruición te has leído de golpe la última entrega, La marca del meridiano. Alude a la indicación que en la carretera de Madrid a Barcelona señala la presencia del meridiano de Greenwich y el salto del hemisferio occidental al oriental. Y alude, también, a las marcas que indican el paso del bien hacia el mal, de la honradez al delito. Y de una parte de España a esa otra donde mora gente que preferiría perderla de vista. Hay un crimen, una investigación que te deja sin aliento. Pero, como es habitual en la serie, destaca la reflexión sobre la condición humana contemporánea, sobre el sentido de respetar un código ético en un contexto donde tales códigos son débiles, o inexistentes, o están desacreditados. Y, sobre todo, donde nada ni nadie, salvo uno mismo, compensa de los sinsabores de seguirlos. Como buena novela negra, hay un retrato de sociedad en la que vives, de tu país en este instante. Aquí y ahora. En cuanto al estilo, de prosa sencilla, sin florituras ni imágenes, te quedas con los diálogos. Dudas si el realismo que el autor preconiza hace honor a lo que expone en el libro. No sabes por qué, sospechas que algo de artificial hay en los ambientes policiales que describe y en las relaciones entre sus moradores. Finalmente, como suele suceder en lo que has leído de la serie, el crimen se desenreda y la trama concluye de forma un tanto extemporánea. Te parece, porque, como dijiste, no eres aficionado al género. Esta impresión te lleva a pensar que el verdadero objetivo del autor es pintar un cuadro de nuestros días, más que escribir una novela canónica en su género. No te resistes, antes de acabar, a recoger una pequeña anécdota que muestra la corrupción del tingladillo de los concursos literarios. Lorenzo Silva presentó el libro al Premio Planeta con pseudónimo… y lo ganó. Nada que objetar si no fuera porque los conocidos protagonistas de su novela no portaban tal máscara.

Lorenzo Silva, la marca del meridiano, Barcelona, Planeta, 2012.

 

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