629.

LAS OTRAS

Hay cosas que siempre les pasan a las otras. Les toca la lotería o reciben una herencia inesperada de un familiar cuyo rastro se enredaba ignorado entre el follaje del árbol genealógico. A otras, penosamente, se les muere un hijo o tropiezan con un superdotado al que le filman documentales. Hay algunas que dan con maridos maravillosos junto a los cuales pasan toda la vida sin que el amor sufra más que las curvas de unas amables metamorfosis propiciadas por el tiempo; como existe quienes padecen infidelidades de maridos que se estiman tan despiertos en asuntos de mujeres como para estar convencidos de que la legítima lo ignora todo.  De todas estas cosas hablamos cuando nos reunimos en la cafetería “El Plantel” para tomar nuestras meriendas cada martes y cada viernes. Comentamos su suerte o su desgracia y siempre regresamos a casa pensando que hay cosas que siempre les suceden a las otras. Hasta que un día aquello que siempre comentamos de mujeres distintas a nosotras, recae con su peso sobre nuestras vidas. Sobre mi vida. Y pasas a ser integrante de ese grupo que mirabas como ajeno, sin saber cómo encajar en tus días ese cambio de posición. Y te preguntas cómo ha sido posible que mientras desenredabas con ellas las peripecias de esas otras, tú no hayas caído en la cuenta de que estabas también en la línea de flotación, allí donde una grieta imperceptible puede llevar a pique la nave más sólida. Tu marido tiene cincuenta y seis años, una deliciosa melena cana. No le adorna el abdomen grasas superfluas y con sus trajes llama la atención. Ama el deporte y lo practica sin pausa. Gana doscientos mil euros al año, tiene chalet en Gandía y piso de trescientos metros cuadrados en el barrio de Salamanca. Es ejecutivo de una multinacional. Tiene una esposa de su misma edad con treinta años de convivencia sobre la espalda y dos hijos mayores que viven en el extranjero con prometedoras carreras profesionales. Y tiene una amante de veintidós años. Esta mañana me preguntaba delante del espejo cómo fui tan ilusa de creer que, cuando hablaba de las otras, yo no era una de ellas.

Anuncios


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s