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CITA

Se ha buscado una excusa más o menos creíble. Parece que ha colado y los padres se marchan al apartamento de la playa aquel fin de semana de inicios de junio. Está solo en la casa por primera vez. Nunca acceden, excepto ahora, a ese margen de libertad que, como es propio de la condena de vivir, está siempre vinculada a la soledad. La principal preocupación de la madre y de él es cómo arreglárselas para comer. No está acostumbrado a desenvolver sus días en el trajín de los laberintos domésticos. Toda privación, toda incomodidad merece la pena. Ha quedado con ella en la casa. Solos, la tarde del sábado. No hay hora concretada. Ella es su objeto de deseo desde que la vio el primer curso de secundaria en el instituto. Tan ansiada por todos que él había aceptado lo imposible del asalto a sus muros, de la conquista, de la rendición y toma del enclave. Y se sabe que ella aprovecha los dones que le regaló el azar para disfrutar de la vida; sin demasiada algarabía, sin perder el control. Todo redunda en la atracción con la que él desfallece cuando la tiene delante y habla y la mira y la sueña. Ella accede a la cita por un milagro de ésos que en raras ocasiones la vida tiene a bien desmigar sobre los mortales, sobras de un banquete que siempre son los otros quienes los disfrutan. Todavía no entiende cómo sucede que la esté esperando, cómo en la fiesta aquella, ella comparte bebida y conversación con él durante casi toda la velada, cómo ante el atrevimiento del poseído ella dice que sí. Llega la tarde del sábado. El tiempo va pasando. Él lo tiene todo preparado. Especialmente, los preservativos, discretamente guardados, pero accesibles al primer impulso. El tiempo sigue pasando. Oscurece, la noche llega y la rabia, las lágrimas, los golpes contra el colchón en el que se hunden, al tiempo del puño, las delicias intuidas. No la llama por orgullo o por pánico. Y la ve el lunes en los pasillos del instituto. Le pregunta y ella, sin alzar la vista de su móvil, hurga en su memoria brevemente para decirle que le surgió un asunto y que no pudo ir. Y se marcha riendo con una amiga pasillo adelante.

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