815.

NOTICIA

Mientras pasea bajo la sombra de los castaños de Indias, el hombre medita cómo va a decírselo a sus amigos de la Peña. A su edad es difícil arrostrar la noticia. Imagina sus caras, sus gestos. Sabe de quién va a hacer bromas, los que están especializados en las hirientes y los que apenas en la sutileza pican como un ligero escozor, más finos ellos. Sabe de quiénes van a encoger los labios y van a regalarle un rictus de compasión, o de benevolencia, o de desprecio por su escasa calidad de hombre hecho y derecho. Sabe de quién va a intentar despojar de trascendencia el asunto y le va a inspirar la solución mediante el remedio de unos vasitos del tinto de la casa, tan peleón como agradecido. Tantas horas de convivencia entre partidas de dominó, tantos momentos de pasión frente a la pantalla de la tele viendo aquellos encuentros de fútbol donde el equipo de la Peña es el protagonista. Luego, está la familia. La hermana, tan resuelta, ignora si le va a ofrecer palabras de ánimos, de apoyo, o lo va a cubrir de improperios, a buen seguro alegando su sangre gorda. Cuñado y sobrinos no cuentan. Tampoco los nietos; son demasiado pequeños para entender. Los hijos le preocupan. No se aviene a pronosticar su reacción. Son ya mayores, tienen sus vidas hechas y viven lejos. Justamente, repara en sus hijos porque la partida del más pequeño ha sido el detonante de la decisión. Los hijos son siempre una incógnita, bien lo tiene aprendido por experiencia, pero tal vez la mayor sea comprensiva con él y en cuanto a la mediana, no sabe. El pequeño alzará los hombros y dará a entender que no tiene tanta importancia, como ha mostrado a lo largo de su vida en casi todo lo que ha debido afrontar. Tanta charla sobre el poco interés que traslucía hacia nada, para ser quien la empujara a expresar en voz alta esa decisión que ella tenía tomada hacia años. Todo queda claro en la conversación con el ruido de fondo de las noticias en la tele. Ella, su esposa durante cuarenta años, le dice que se va, que lo deja, que quiere el divorcio, la separación o como leches se llame ahora. Que está harta de él hace mucho tiempo y que sólo ha aguantado por los niños. Pero ya ha llegado la hora. Tan sorprendido queda que no sabe cómo se lo va a decir a los de la Peña.

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2 comentarios on “815.”

  1. Ma. Elena dice:

    Digamos que tu relato contiene humor involuntario, por lo menos para mi. En la primer lectura me pareció si no dramático algo serio, en la segunda me hizo reir. Este relato es a partir de hoy uno de mis favoritos.
    Si ha sido humor voluntario entonces felicidades. A veces me recuerdas al escritor Guanajuatense Mexicano Jorge Ibarguengoitia y lo que sigue lo tomé de la red.

    Te compartimos nuestras frases favoritas de Jorge Ibargüengoitia:

    ¡Oh, dulce concupiscencia (lujuria) de la carne! Refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, alivio de los enfermos mentales, diversión de los pobres, esparcimiento de los intelectuales, lujo de los ancianos.

    Si son ingeniosos (mis artículos) es porque tengo ingenio, si son arbitrarios es porque soy arbitrario, y si son humorísticos es porque así veo las cosas, que esto no es virtud, ni defecto, sino peculiaridad.

    (La cerveza) Me supo amarguísima, pero me sentí tan honrado de que me dieran una bebida de gente grande, que dije que me parecía sabrosa?

    Me quedé enganchando (con la cerveza). Ahora comprendo que fue uno de los momentos culminantes de mi vida.

    La única regla general es que los pueblos conquistados son pueblos divididos, absortos en rivalidades internas e incapaces de presentar un frente común.

    Nunca entres a un restaurante cuyo menú está en más de tres idiomas.

    Mi tía Lola Sierra, que era una mujer listísima y apasionada, decía: El destino quiso que yo fuera desgraciada, pero no me dio la gana.

    Cada año que pasa tengo más libros que quisiera escribir y cada año escribo más lentamente

    Si vivo ochenta años, cuando muera dejaré un montoncito de libros y me llevaré a la tumba una vastísima biblioteca imaginaria.

    Saludos

    Ma. Elena

    • Emilio dice:

      Gracias de nuevo por tus palabras, tus observaciones y aportaciones. En cuanto al humor o no del relato, cada cual que lo tome como le plazca. Desde el momento en que aparece en la red, deja de ser totalmente mío.


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