848.

Para salvarte un poco del desbarajuste que te envuelve y oxigenar tus torturadas meninges, llevas unos días releyendo El Quijote. Y entre tantas joyas de sensatez, buen juicio, filantropía y humor que regala continuamente don Miguel, te topas con esta pequeña la muestra que haría cerrar todas las Facultades de Ciencias Políticas de España, empezando por la de la Complutense:

CARTA DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA A SANCHO PANZA, GOBERNADOR DE LA ÍNSULA BARATARIA

(…) Sancho amigo, las oí de tus discreciones, de que di por ello gracias particulares al cielo, el cual del estiércol sabe levantar los pobres, y de los tontos hacer discretos. Dícenme que gobiernas como sí fueses hombre, y que eres hombre como si fueses bestia, según es la humildad con que te tratas; y quiero que adviertas, Sancho, que muchas veces conviene y es necesario, por la autoridad del oficio, ir contra la humildad del corazón; porque el buen adorno de la persona que está puesta en graves cargos ha de ser conforme a lo que ellos piden, y no a la medida de lo que su humilde condición le inclina. Vístete bien, que un palo compuesto no parece palo. No digo que traigas dijes ni galas, ni que siendo juez te vistas como soldado, sino que te adornes con el hábito que tu oficio requiere, con tal que sea limpio y bien compuesto.

Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras has de hacer dos cosas: la una, ser bien criado con todos, aunque esto ya otra vez te lo he dicho, y la otra, procurar la abundancia de los mantenimientos; que no hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que la hambre y la carestía.

No hagas muchas pragmáticas; y si las hicieres, procura que sean buenas, y, sobre todo, que se guarden y cumplan; que las pragmáticas que no se guardan, lo mesmo es que si no lo fuesen; antes dan a entender que el príncipe que tuvo discreción y autoridad para hacerlas, no tuvo valor para hacer que se guardasen; y las leyes que atemorizan y no se ejecutan, vienen a ser como la viga, rey de las ranas: que al principio las espantó, y con el tiempo la menospreciaron y se subieron sobre ella.

Sé padre de las virtudes y padrastro de los vicios. No seas siempre riguroso, ni siempre blando, y escoge el medio entre estos dos extremos; que en esto está el punto de la discreción. Visita las cárceles, las carnicerías y las plazas; que la presencia del gobernador en lugares tales es de mucha importancia: consuela a los presos, que esperan la brevedad de su despacho; es coco a los carniceros, que por entonces igualan los pesos, y es espantajo a las placeras por la misma razón. No te muestres, aunque por ventura lo seas -lo cual yo no creo-, codicioso, mujeriego ni glotón; porque en sabiendo el pueblo y los que te tratan tu inclinación determinada, por allí te darán batería, hasta derribarte en el profundo de la perdición. (…)

Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, 2ª parte, cap. LI.

Anuncios

847.

GUARDIÁN

Afortunadamente, la noche es agradable. Mediados de primavera, con un viento tibio que ni calienta ni enfría la sangre del hombre que está apostado en la esquina, al amparo de unas farolas cuya luz emite el mismo ánimo amarillento y mortecino que envuelve los pensamientos del guardián. No hay viandantes porque son las tres de la madrugada, y la luna se abre paso entre las brumas con que la ciudad ignora los cielos. El hombre mira insistente a una ventana en el tercer piso del bloque que se levanta al otro lado de la calle. A través de unos visillos se cuela la luminosidad del interior. Hace un buen rato se traslucen sombras. Ya no, sólo hay la claridad de la habitación. El hombre da unos pasos en círculo y pasa un coche. Cuando deciden divorciarse, tras varios años de aburrimiento e infidelidades de la esposa, todo parece recobrar un cierto orden. Todo es pacífico y civilizado, pero el hombre que ahora vigila, una vez asentado en su nuevo hogar, evoca la vida pasada y la melancolía junto con el resentimiento arrebatan una cólera hasta ese momento oculta. No es una ocasión, sino dos, aquellas en las que sale con dos muchachas; en su adolescencia, una; en su primera juventud, otra. Luego, le vino su ex esposa, de belleza tan insulsa como mediocre. Dos muchachas que al poco de romper con él se despendolan, hermosas y atractivas como son. La ciudad es pequeña, los círculos de la gente joven son los mismos y todo se sabe. Aquellas dos mujeres prueban a muchos hombres. Pero ninguno es él porque su acceso a las vidas de ellas ocurre en un momento en el que todavía no han roto con sus miedos. Ahora, cuando está libre, acude a la segunda de aquellas viejas novias, se le acerca e intenta cobrar el pago de una factura que, a su juicio, queda pendiente. Ella, lo sabe, sigue corriendo la alocada carrera que empezó tras su ruptura y el hombre cree que puede culminar con ella lo que ella negó hace veinte años. Y se ve, a las tres de la mañana, en una esquina, afortunadamente en primavera, vigilando que no se presente airada la esposa de la última pieza de su cacería.  


846.

La principal reflexión a que te invita el curso de los últimos acontecimientos es que Europa teme más a sus fantasmas que a sus enemigos. Y está, en consecuencia, desguarnecida ante sus embates, máxime cuando ese enemigo astutamente se cubre con esos mismos ropajes de los espectros del pasado. Tras el atentado a los valores de la Europa ilustrada (no de la Europa cristiana), la reacción de la élite en sus diferentes campos (intelectual, política, económica) ha sido el miedo al resurgir del nazismo, no la defensa contra quienes están sometidos a una mentalidad que dimos por superada hace bastante tiempo. De ese modo, el peligro no es que una ideología política totalitaria envuelta y sustentada bajo el ropaje de una religión amenace la libertad, sino que los integrantes de esa ideología se sientan marginados y tratados como judíos en la Alemania nazi. Y las medidas contra la manifestación violenta de esa ideología, vulgarmente conocida como “terrorismo”, no son sino el típico tratamiento sintomático de una enfermedad a la que habría que atajar en sus causas. La principal de las cuales es el abandono de la idea esencial de que quien vive en Europa debe aceptar íntegramente el ser europeo y de que no se admite utilizar la libertad para acabar con la libertad.


845.

Leyendo un libro muy interesante escrito por un periodista israelí de izquierdas donde analiza el curso de su país con un penetrante espíritu crítico, te hallas con el siguiente párrafo. Viene muy a cuento con los momentos que estamos viviendo y explica muchas cosas. Da igual que los iraníes sean chiítas. Son mahometanos, al fin.

“Cuénteme sobre los iraníes”, le digo a Yadlin. “Cuando leía la información clasificada que venía de Teherán, ¿qué descubrió?¿Qué tipo de sociedad y de régimen vio? ¿Quiénes son estas personas que enfrentamos [sic]?”

“Con los iraníes, uno se encuentra ante un fascinante combinación de fanatismo religioso y prudencia estratégica”, comenta el atento general retirado de anteojos sentado frente a mí. “Son muy ambiciosos. Consideran que su lucha contra Estados Unidos e Israel es un choque de civilizaciones. En su opinión, su civilización es la más pura y justa y por lo tanto es más fuerte. La civilización judeocristiana es para ellos una civilización imperialista maligna que ahora está en declive. Sienten una rabia genuina debido a lo que hicieron los británicos y los estadounidenses y los rusos en Irán y lo que hicieron los sionistas en Palestina. Están totalmente convencidos de que nuestra civilización está echada a perder, es corrupta y no puede soportar el sufrimiento, no tiene resistencia y está destinada a pudrirse. Por eso es que no tienen duda alguna de que conseguirán aventajarnos y con el tiempo provocarán la caída de Israel, Europa y Estados Unidos. Ellos creen que el futuro es suyo. Su naciente cultura derrocará a la nuestra.”

“Y sin embargo”, continúa Yadlin, “en su conducta diaria, estos zelotes actúan con sofisticación y control. No tienen prisa, no son apresurados, cometen pocos errores. En lugar de avanzar directamente hacia su meta y llamar la atención, construyen un frente amplio y estable que se acerca lentamente a la meta para que, en el momento correcto, pueda ser conquistada con un alto grado de certidumbre. Me tomó aproximadamente dos años entender esto, pero cuando comprendí lo que estaban haciendo, en realidad quedé profundamente impresionado. No se puede sino respetar a los iraníes. Van totalmente en serio y a su modo son muy impresionantes.”

Ari Shavit, Mi tierra prometida, trad. José Francisco Varela Fuentes, Barcelona, Penguin Random House, 2014. Ebook Kindle, posiciones 6823-6835.


844.

images (1)

images


843.

No porque seas ateo y laicista eres enemigo de la tradición cristiana. Lees en el último número de la revista La aventura de la Historia que el gobierno islamista de Turquía bajo las órdenes de su neo-sultán Erdogan está llevando a cabo un cuidadoso proceso de conversión en mezquitas de las viejas iglesias bizantinas, salvadas hasta ahora del culto mahometano. Se incluye en esta lista la basílica de Santa Sofia de Constantinopla, extraída en su momento del culto islámico por Atatürk dentro de su programa de modernización y puesta al servicio de la Humanidad como museo. Esta conversión lleva aparejada la ocultación de los mosaicos y de las pinturas de los muros de las iglesias porque la religión islámica prohíbe las imágenes en el interior de las mezquitas. Piensas en la actitud de nuestros próceres de la izquierda en España que, contrariamente a los mahometanos, pretenden la extracción del culto cristiano de la Catedral de Córdoba y el tremendo follón que están montando a costa del asunto. O en la payasada antioccidental que ejecutan cada 2 de Enero en Granada con motivo de la liberación de la ciudad bajo el mando de nuestros Reyes Católicos. La conclusión está clara. En Occidente una buena parte de sus ciudadanos son presas de una decadencia vertiginosa y están rindiendo armas y bagajes al enemigo. Lo que te asombra es que nuestra izquierda no repare en que las primeras horcas, los primeros pelotones de ejecución que los ayatolás iraníes erigieron en su tierra tras el triunfo de su revolución tuvieron como víctimas a los socialistas y comunistas que lucharon (ingenuos) contra el Sha. ¡Cuánta estupidez!


842.

Tú, en tu infinita ignorancia y en tu escueto sentido común (si es que lo tienes), crees que la manera de hacer de España un país próspero no es cambiar una clase política por otra más numerosa y no por nueva menos ineficiente y menos corrupta. Mejor nos iría, sospechas, si por cada político eliminado de la lista (no hablas de guillotinas, como hacen otros, sino sólo de hacerlos volver a sus profesiones, si las tienen) brotaran dos o tres empresarios. Si le añadimos impuestos reducidos a lo mínimo, burocracia en su expresión más escueta y libertad de contratación, probablemente llegaríamos a vivir en un lugar mejor. Claro, puedes estar muy equivocado. Con todo, lo que dices es una utopía más grande que el advenimiento de la sociedad sin clases que auguraba el padrecito Marx. Y que tus compatriotas cambiaran de mentalidad para ver lo que dices como algo deseable sí que sería una auténtica revolución.