861.

SALMO

Son los planos de una película del oeste. Una caravana avanza polvorienta hacia las Ítacas particulares de quienes la integran, extensos rebaños de vacas en vez de cabras u ovejas, nativos en vez de pretendientes codiciosos, llanuras y ríos en vez de roca, la fértil tierra madre en lugar de una esposa cada vez más anciana que teje y desteje día y noche la melancolía de un cuerpo y un deseo. Uno de los guías anuncia al galope la presencia de indios con intenciones aviesas y el jefe de la caravana ordena hacer un círculo, meter en su interior todo lo valioso y aprestarse a la defensa. Viejos planos trillados de miles de películas del oeste donde siempre sucede lo mismo y donde los héroes, mueran o vivan, dejan el recuerdo del deber cumplido. En pleno caos, una mujer de largas faldas, pañuelo en la cabeza y mantón sobre sus hombros, une sus manos en oración, mira al cielo y entona el Salmo XXIII. No sabe cuál es la razón de que esas imágenes se reiteren en su memoria con una cadencia tan indomeñable como los indios de las películas del oeste. Y retumban en sus oídos los versículos del Salmo como golpes de tambor justo en medio de la confusión de la batalla en blanco y negro. Recuerda que la caravana es aniquilada por los enemigos y que esa catástrofe inicia la película y da pie al argumento. No halla la razón de que a él, una persona que hace mucho tiempo perdió la fe, le asalte en estos momentos el viejo himno. Mientras lo llevan por los pasillos de la clínica camino del quirófano, atrás su familia controlando su zozobra con sonrisas de ánimo y fingimientos de que nada pasa fuera de lo ordinario, la inspiración, siempre tan avara con él, se le aparece en la forma de un endecasílabo que bien puede ser el inicio de un poema. Tal vez el primero de un próximo libro que añadir a los ya creados, que tanta fama le dan. Ya posee título. “Salmo”, sin duda. “Ante Ti sólo cabe ser rebelde” es lo último que le asalta la mente antes de que la anestesia convoque las tinieblas y oculte para siempre la luz de sus ojos.   

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5 comentarios on “861.”

  1. elenatt63 dice:

    Tu relato me provoca preguntarme que será de mi en tiempos difíciles puesto que ya he perdido la fe y solo tengo preguntas sin respuestas.
    Me encantó la composición de este relato.
    Saludos

  2. elenatt63 dice:

    Me asaltó a la memoria esa frase “Ante Ti sólo cabe ser rebelde” y creo recordarla de un poema tuyo de hace tiempo. Buscaré en mis archivos para constatar si es verdad o lo imagino porque recuerdo que los poemas que amablemente compartiste conmigo tocaban el alma.
    Saludos nuevamente.

    • Emilio dice:

      Tienes razón. Esa frase era el estribillo de un poema que escribí en plena enfermedad y que se llamaba precisamente así: “Salmo”. Era una pieza pretenciosa que imitaba el estilo salmódico y que era un reproche a Dios por el sufrimiento. Te felicito por tu buena memoria. Este relato, como buena parte de los que estoy colgando en internet desde hace un par de años tiene mucho de mi propia biografía. Tratada convenientemente, claro.

  3. elenatt63 dice:

    Lo sé. Tu biografía.
    Hace tiempo alguien me dijo que tanto sufrimiento parecía venido de la fantasía (en referencia a quienes se conocen por internet y se aprovechan de ello) y yo le dije a esa persona que no, porque alguien que transmite sentimientos en la forma en que lo haces no puede estar mintiendo sobre si mismo.
    Buscaré esos poemas.


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