913.

FINAL

En medio del vuelo, después de pasar una semana de vacaciones visitando una ciudad europea, la pareja experimenta la angustia de percibir cómo el pájaro inicia un descenso a una velocidad arrolladora. El comandante de la nave suelta un discurso en inglés porque la aerolínea es extranjera. La pareja no se entera bien de lo que dice. En parte por el miedo, en parte porque su conocimiento del idioma no es lo suficientemente alto como para entender el balbuceo de ese hombre a través de unos cables metálicos. El avión cae a plomo, los estómagos de los pasajeros ascienden en progresión inversa hasta las gargantas. Hay gritos, gente que intenta levantarse del asiento. Alguno lo consigue y corre a través del pasillo de la cabina. Otros se abrazan a quien tienen al lado o esbozan un inútil gesto de protección sobre el niño que acompaña ese instante final. El hombre mira a la mujer. En sus ojos el pánico se mezcla con la impotencia. Las mascarillas han brotado de sus cubículos y la tripulación de cabina intenta sin éxito que los viajeros abrochen sus cinturones de seguridad. Fuera, las nubes se ven hendidas por el metal del aparato, dejando franco el camino, temerosas, ellas también, del desastre inminente. A veces, en un claro, se puede divisar la tierra, una cuadrícula de sembrados con lívidas manchas de casas dispersas caóticamente. El paisaje va tomando volumen con celeridad y ya casi se pueden vislumbrar los sembrados de cereales. La mujer mira al hombre. Se abrazan. Los dos notan el palpitar de sus corazones delirantes. Es el final, les dicen sin reparos. No surgen palabras, sólo se unen todo lo que los asientos les permiten. Tras una sacudida que de nuevo zarandea todo lo que se cobija dentro de aquel huso, el aparato remonta el vuelo. Unos instantes de agitación y todo va volviendo a la normalidad. Las azafatas se ríen, entonces. Los rostros de esas mujeres dan la señal de que el final aguarda su futuro. Hay quien aplaude. Nuevas palabras del comandante y el resto del viaje transcurre sin alteraciones. Cuando la pareja entra en el aeropuerto de destino, camino de la sala donde recogen las maletas, ambos se confiesan que hubiera sido un bonito final.

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