936.

EL GENIO GRIEGO

LA DIMENSIÓN SOCIAL DEL SER HUMANO

I

Habla Protágoras en el diálogo homónimo de Platón:

[320d] ἦν γάρ ποτε χρόνος ὅτε θεοὶ μὲν ἦσαν, θνητὰ δὲ γένη οὐκ ἦν. ἐπειδὴ δὲ καὶ τούτοις χρόνος ἦλθεν εἱμαρμένος γενέσεως, τυποῦσιν αὐτὰ θεοὶ γῆς ἔνδον ἐκ γῆς καὶ πυρὸς μείξαντες καὶ τῶν ὅσα πυρὶ καὶ γῇ κεράννυται. ἐπειδὴ δ’ ἄγειν αὐτὰ πρὸς φῶς ἔμελλον, προσέταξαν Προμηθεῖ καὶ Ἐπιμηθεῖ κοσμῆσαί τε καὶ νεῖμαι δυνάμεις ἑκάστοις ὡς πρέπει. Προμηθέα δὲ παραιτεῖται Ἐπιμηθεὺς αὐτὸς νεῖμαι, “νείμαντος δέ μου,” ἔφη, “ἐπίσκεψαι·” καὶ οὕτω πείσας νέμει. νέμων δὲ τοῖς μὲν ἰσχὺν ἄνευ τάχους προσῆπτεν, [320e] τοὺς δ’ ἀσθενεστέρους τάχει ἐκόσμει· τοὺς δὲ ὥπλιζε, τοῖς δ’ ἄοπλον διδοὺς φύσιν ἄλλην τιν’ αὐτοῖς ἐμηχανᾶτο δύναμιν εἰς σωτηρίαν. ἃ μὲν γὰρ αὐτῶν σμικρότητι ἤμπισχεν, πτηνὸν φυγὴν ἢ κατάγειον οἴκησιν ἔνεμεν· ἃ δὲ ηὖξε μεγέθει, τῷδε [321a] αὐτῷ αὐτὰ ἔσῳζεν· καὶ τἆλλα οὕτως ἐπανισῶν ἔνεμεν. ταῦτα δὲ ἐμηχανᾶτο εὐλάβειαν ἔχων μή τι γένος ἀϊστωθείη· ἐπειδὴ δὲ αὐτοῖς ἀλληλοφθοριῶν διαφυγὰς ἐπήρκεσε, πρὸς τὰς ἐκ Διὸς ὥρας εὐμάρειαν ἐμηχανᾶτο ἀμφιεννὺς αὐτὰ πυκναῖς τε θριξὶν καὶ στερεοῖς δέρμασιν, ἱκανοῖς μὲν ἀμῦναι χειμῶνα, δυνατοῖς δὲ καὶ καύματα, καὶ εἰς εὐνὰς ἰοῦσιν ὅπως ὑπάρχοι τὰ αὐτὰ ταῦτα στρωμνὴ οἰκεία τε καὶ αὐτοφυὴς ἑκάστῳ· καὶ [321b] ὑποδῶν τὰ μὲν ὁπλαῖς, τὰ δὲ θριξὶν καὶ δέρμασιν στερεοῖς καὶ ἀναίμοις. τοὐντεῦθεν τροφὰς ἄλλοις ἄλλας ἐξεπόριζεν, τοῖς μὲν ἐκ γῆς βοτάνην, ἄλλοις δὲ δένδρων καρπούς, τοῖς δὲ ῥίζας· ἔστι δ’ οἷς ἔδωκεν εἶναι τροφὴν ζῴων ἄλλων βοράν· καὶ τοῖς μὲν ὀλιγογονίαν προσῆψε, τοῖς δ’ ἀναλισκομένοις ὑπὸ τούτων πολυγονίαν, σωτηρίαν τῷ γένει πορίζων. ἅτε δὴ οὖν οὐ πάνυ τι σοφὸς ὢν ὁ Ἐπιμηθεὺς ἔλαθεν αὑτὸν [321c] καταναλώσας τὰς δυνάμεις εἰς τὰ ἄλογα· λοιπὸν δὴ ἀκόσμητον ἔτι αὐτῷ ἦν τὸ ἀνθρώπων γένος, καὶ ἠπόρει ὅτι χρήσαιτο. ἀποροῦντι δὲ αὐτῷ ἔρχεται Προμηθεὺς ἐπισκεψόμενος τὴν νομήν, καὶ ὁρᾷ τὰ μὲν ἄλλα ζῷα ἐμμελῶς πάντων ἔχοντα, τὸν δὲ ἄνθρωπον γυμνόν τε καὶ ἀνυπόδητον καὶ ἄστρωτον καὶ ἄοπλον· ἤδη δὲ καὶ ἡ εἱμαρμένη ἡμέρα παρῆν, ἐν ᾗ ἔδει καὶ ἄνθρωπον ἐξιέναι ἐκ γῆς εἰς φῶς. ἀπορίᾳ οὖν σχόμενος ὁ Προμηθεὺς ἥντινα σωτηρίαν τῷ ἀνθρώπῳ εὕροι, [321d] κλέπτει Ἡφαίστου καὶ Ἀθηνᾶς τὴν ἔντεχνον σοφίαν σὺν πυρί—ἀμήχανον γὰρ ἦν ἄνευ πυρὸς αὐτὴν κτητήν τῳ ἢ χρησίμην γενέσθαι—καὶ οὕτω δὴ δωρεῖται ἀνθρώπῳ. τὴν μὲν οὖν περὶ τὸν βίον σοφίαν ἄνθρωπος ταύτῃ ἔσχεν, τὴν δὲ πολιτικὴν οὐκ εἶχεν· ἦν γὰρ παρὰ τῷ Διί. τῷ δὲ Προμηθεῖ εἰς μὲν τὴν ἀκρόπολιν τὴν τοῦ Διὸς οἴκησιν οὐκέτι ἐνεχώρει εἰσελθεῖν—πρὸς δὲ καὶ αἱ Διὸς φυλακαὶ φοβεραὶ ἦσαν—εἰς δὲ τὸ τῆς Ἀθηνᾶς καὶ Ἡφαίστου οἴκημα τὸ κοινόν, ἐν ᾧ [321e] ἐφιλοτεχνείτην, λαθὼν εἰσέρχεται, καὶ κλέψας τήν τε ἔμπυρον τέχνην τὴν τοῦ Ἡφαίστου καὶ τὴν ἄλλην τὴν τῆς Ἀθηνᾶς δίδωσιν ἀνθρώπῳ, καὶ ἐκ τούτου εὐπορία μὲν ἀνθρώπῳ τοῦ [322a] βίου γίγνεται, Προμηθέα δὲ δι’ Ἐπιμηθέα ὕστερον, ᾗπερ λέγεται, κλοπῆς δίκη μετῆλθεν.

[320d] Hubo un tiempo en el que había dioses, pero no había seres mortales. Cuando les hubo llegado el momento fijado para nacer, los moldearon los dioses dentro de la tierra mezclando tierra y fuego, y cuantas cosas se mezclan con fuego y tierra. Cuando iban a sacarlos a la luz, ordenaron a Prometeo y a Epimeteo que los aderezasen y les repartieran capacidades a cada uno según conviniera. Epimeteo le rogó a Prometeo que le dejara repartir: “Y una vez hecho el reparto” dijo “ven a comprobarlo.” Lo convenció y emprendió el reparto. Durante el reparto, otorgaba a unos la fuerza sin la rapidez [320e] y a los más débiles los aderezaba con la rapidez. A unos los dotó de defensas, a otros les concedió una naturaleza sin defensas, pero recurrió a concederles otro tipo de capacidad para sobrevivir. A aquéllos que envolvía en un tamaño pequeño, les otorgó en el reparto alas para huir o un habitáculo subterráneo. A los que les incrementó de tamaño, esta misma cualidad les permitía sobrevivir; y con diversas medidas de compensación iba realizando el reparto. [321a] Empleaba esos recursos con prudencia, para que ninguna especie acabara siendo exterminada. Una vez que fueron suficientes las medidas para escapar de la mutua destrucción, ideó recursos para sobrellevar las estaciones que proceden de Zeus. Los cubrió de densa pelambrera y duras pieles, suficientes para defenderlos del invierno y capaces de hacerlo también con las quemaduras del sol, y para que, cuando iban a dormir estas mismas le sirvieran de lecho propio y natural a cada uno. [321b] A unos calzó con garras y a otros, con pieles duras y sin sangre. A partir de ahí, proporcionó una manera de alimentarse a unos; y otra, a otros. A éstos, los pastos del suelo; a ésos, los frutos de los árboles; a aquéllos, las raíces. A algunos les hizo que su alimento fuera comerse a otros animales; a otros, les otorgó una escasa camada y a los que eran devorados por ésos, una abundante camada, permitiendo así la supervivencia de la especie. Pero como Epimeteo no era muy inteligente, tuvo un olvido a la hora de gastar las capacidades entre los irracionales. [321c] Al final, aún le quedaba sin aderezar la especie humana y no sabía qué hacer. En estos apuros estaba, cuando se le presentó Prometeo para comprobar el reparto y vio que el resto de los animales estaba cuidadosamente dotado de todos los recursos, pero que el ser humano estaba desnudo, descalzo, sin abrigo y sin defensas. El día fijado se estaba acercando en el que el ser humano debía también salir de la tierra a la luz. Prometeo, viéndose en el apuro de tener que encontrar algún medio de supervivencia para el ser humano, [321d] robó a Hefesto y a Atenea la habilidad artesanal junto con el fuego -pues era imposible sin el fuego que aquélla se pudiera adquirir por alguien o que le fuera útil- y de ese modo se la regaló al ser humano. Por tanto, el ser humano tuvo una habilidad para vivir por ese medio, pero no tenía la habilidad social, porque ésta la poseía Zeus. Pero a Prometeo ya no le estaba permitido acceder a la ciudadela de Zeus, su morada –además, los guardianes de Zeus eran temibles-. Penetró, entonces, subrepticiamente en la casa común de Hefesto y Atenea, en la cual solían ejercer su labor artesanal, [321e] robó la técnica del manejo del fuego de Hefesto y la habilidad de Atenea, y se las entregó al ser humano. Gracias a éstas, el ser humano tuvo recursos válidos para vivir. [322a] Según se cuenta, Prometeo y Epimeteo fueron castigados posteriormente por el robo.

Platón, Protágoras, 320d-323a.

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