937.

EL GENIO GRIEGO

LA DIMENSIÓN SOCIAL DEL SER HUMANO

y II

Habla Protágoras en el diálogo homónimo de Platón:

ἐπειδὴ δὲ ὁ ἄνθρωπος θείας μετέσχε μοίρας, πρῶτον μὲν διὰ τὴν τοῦ θεοῦ συγγένειαν ζῴων μόνον θεοὺς ἐνόμισεν, καὶ ἐπεχείρει βωμούς τε ἱδρύεσθαι καὶ ἀγάλματα θεῶν· ἔπειτα φωνὴν καὶ ὀνόματα ταχὺ διηρθρώσατο τῇ τέχνῃ, καὶ οἰκήσεις καὶ ἐσθῆτας καὶ ὑποδέσεις καὶ στρωμνὰς καὶ τὰς ἐκ γῆς τροφὰς ηὕρετο. οὕτω δὴ παρεσκευασμένοι κατ’ ἀρχὰς [322b] ἄνθρωποι ᾤκουν σποράδην, πόλεις δὲ οὐκ ἦσαν· ἀπώλλυντο οὖν ὑπὸ τῶν θηρίων διὰ τὸ πανταχῇ αὐτῶν ἀσθενέστεροι εἶναι, καὶ ἡ δημιουργικὴ τέχνη αὐτοῖς πρὸς μὲν τροφὴν ἱκανὴ βοηθὸς ἦν, πρὸς δὲ τὸν τῶν θηρίων πόλεμον ἐνδεής —πολιτικὴν γὰρ τέχνην οὔπω εἶχον, ἧς μέρος πολεμική— ἐζήτουν δὴ ἁθροίζεσθαι καὶ σῴζεσθαι κτίζοντες πόλεις· ὅτ’ οὖν ἁθροισθεῖεν, ἠδίκουν ἀλλήλους ἅτε οὐκ ἔχοντες τὴν πολιτικὴν τέχνην, ὥστε πάλιν σκεδαννύμενοι διεφθείροντο. [322c] Ζεὺς οὖν δείσας περὶ τῷ γένει ἡμῶν μὴ ἀπόλοιτο πᾶν, Ἑρμῆν πέμπει ἄγοντα εἰς ἀνθρώπους αἰδῶ τε καὶ δίκην, ἵν’ εἶεν πόλεων κόσμοι τε καὶ δεσμοὶ φιλίας συναγωγοί. ἐρωτᾷ οὖν Ἑρμῆς Δία τίνα οὖν τρόπον δοίη δίκην καὶ αἰδῶ ἀνθρώποις· “πότερον ὡς αἱ τέχναι νενέμηνται, οὕτω καὶ ταύτας νείμω; νενέμηνται δὲ ὧδε· εἷς ἔχων ἰατρικὴν πολλοῖς ἱκανὸς ἰδιώταις, καὶ οἱ ἄλλοι δημιουργοί· καὶ δίκην δὴ καὶ [322d] οὕτω θῶ ἐν τοῖς ἀνθρώποις, ἢ ἐπὶ πάντας νείμω;” “ἐπὶ πάντας,” ἔφη ὁ Ζεύς, “καὶ πάντες μετεχόντων· οὐ γὰρ ἂν γένοιντο πόλεις, εἰ ὀλίγοι αὐτῶν μετέχοιεν ὥσπερ ἄλλων τεχνῶν· καὶ νόμον γε θὲς παρ’ ἐμοῦ τὸν μὴ δυνάμενον αἰδοῦς καὶ δίκης μετέχειν κτείνειν ὡς νόσον πόλεως.” οὕτω δή, ὦ Σώκρατες, καὶ διὰ ταῦτα οἵ τε ἄλλοι καὶ Ἀθηναῖοι, ὅταν μὲν περὶ ἀρετῆς τεκτονικῆς ᾖ λόγος ἢ ἄλλης τινὸς δημιουργικῆς, ὀλίγοις οἴονται μετεῖναι συμβουλῆς, καὶ ἐάν [322e] τις ἐκτὸς ὢν τῶν ὀλίγων συμβουλεύῃ, οὐκ ἀνέχονται, ὡς σὺ φῄς—εἰκότως, ὡς ἐγώ φημι—ὅταν δὲ εἰς συμβουλὴν πολιτικῆς 323aἀρετῆς ἴωσιν, ἣν δεῖ διὰ δικαιοσύνης πᾶσαν ἰέναι καὶ σωφροσύνης, εἰκότως ἅπαντος ἀνδρὸς ἀνέχονται, ὡς παντὶ προσῆκον ταύτης γε μετέχειν τῆς ἀρετῆς ἢ μὴ εἶναι πόλεις. αὕτη, ὦ Σώκρατες, τούτου αἰτία.

Dado que el ser humano tenía una parte de divino, en primer lugar, era el único de los animales que a causa de su familiaridad con la divinidad daba culto a los dioses, y procuraba erigir altares y estatuas de dioses. Luego, gracias a su saber hacer rápidamente articuló la voz y las palabras, y encontró el modo de procurarse hogares, vestidos, calzados, lechos y alimentos de la tierra. Así provistos, en un principio, los seres humanos vivían dispersos y no había ciudades; [322b] en consecuencia, los animales los esquilmaban, dado que eran en todo más débiles que ellos. Su habilidad artesanal era un adecuado auxilio para la alimentación, pero insuficiente para enfrentarse a los animales -carecían aún de la habilidad social, una parte de la cual es la habilidad para el combate-. Intentaban juntarse y sobrevivir construyendo ciudades; ahora bien, cuando se juntaban, cometían tropelías unos contra otros porque no tenían la habilidad social, de modo que volvían a dispersarse y a ser esquilmados. [322c]  Entonces, Zeus ante el temor de que toda nuestra especie fuera destruida, envió a Hermes para que llevara a los seres humanos la vergüenza y la justicia, de modo que ordenaran la ciudad y fueran vínculos que coadyuvaran a la convivencia. Hermes le preguntó a Zeus de qué modo daría la vergüenza y la justicia a los seres humanos. “¿De la forma en que están repartidas la habilidades, de esa misma forma repartiré también ésas? Éste es el modo en que están repartidas: uno posee la habilidad de curar y es capaz de hacerlo con muchos particulares. Ése es el caso del resto de los artesanos. ¿También la vergüenza y la justicia las depositaré así en los seres humanos, o las repartiré entre todos?”[322d] ”Entre todos,” dijo Zeus “y que todos participen de ellas. Porque no habría ciudades si sólo unos pocos participasen de ellas, como en el resto de las habilidades. E impón una ley de mi parte prescribiendo que quien no pueda participar de la vergüenza y la justicia sea ejecutado como si fuera una enfermedad de la ciudad.” Justamente así, Sócrates, y por ello, los atenienses y los demás, cuando se habla sobre las técnicas de construcción o sobre otra variedad artesana, se cree que a pocos les competen las opiniones y en el caso de que alguien ajeno a esos pocos diera una opinión, no se le acepta, [322e] como tú dices -lógicamente, como yo digo-; pero en el caso de que acudan a una opinión sobre la virtudes ciudadanas, [323a] que deben cursar siempre a través de la justicia y la moderación, lógicamente se admite de cualquier hombre, en la idea de que conviene a todos tener parte en estas virtudes,  o no habría ciudades. Ésta es, Sócrates, la razón de ello.

Platón, Protágoras, 320d-323a.

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