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ESTAMPAS ANDALUZAS Y MEDITERRÁNEAS

“Durante el mes de agosto, el arquitecto técnico del ayuntamiento toma vacaciones normalmente. No es que su labor sea meritoria, pero algo hace el buen hombre, aparte de mirar para otro lado y aceptar alguna que otra ayuda para salir adelante cada mes con su familia. En todo caso, siempre hay gente en el pueblo que espera con calma (aquí nadie tiene prisa para nada) a que el funcionario se vaya. Una vez disparado el tiro de salida, que coincide generalmente con la disolución en el aire de los últimos humos del tubo de escape del citado arquitecto rumbo a la playa, una cierta masa anónima conocida de todos empieza una labor intensa de construcción en zonas prohibidas, no calificadas para ese uso, protegidas y demás variedad legal que impediría en circunstancias normales cualquier tipo de edificación en dichos terrenos. El frenesí, no por disimulado, menos vivo, dura hasta que el arquitecto regresa a su puesto. Como es funcionario, sus constantes vitales no se alteran cuando comprueba cierto desmesurado incremento en la actividad constructora durante un tiempo que para el resto de trabajos es inhábil y la aparición, como por ensalmo, de casas, o talleres, o naves en zonas que deberían estar vacías. Nada fuera de lo corriente durante el mes de agosto en esta tierra. El buen hombre seguirá con su labor, mirando para otro lado y aceptando alguna que otra ayuda para salir adelante cada mes con su familia.”

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