972.

Humilde propuesta para la nueva presidencia de la Generalidad de Cataluña:

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971.

Pese a ser los creadores del concepto y de su puesta en práctica, la progresía parece no entender bien de qué se trata cuando hablamos de multiculturalismo. Lo dices porque en la interpretación de los hechos que últimamente nos tienen conmovidos, ellos, los comunistas y socialistas, aplican un criterio tremendamente eurocentrista y son incapaces de aceptar las categorías mentales de la cultura islámica. Explicar las acciones de los terroristas islámicos aduciendo la marginalidad a la que se ven sometidos los musulmanes en Europa, el desempleo, la falta de expectativas, el colonialismo occidental, las intervenciones en su tierra y demás ítems de su libro de argumentos no es sino ver su mundo desde una perspectiva occidental. La mentalidad de los musulmanes no tiene nada que ver con esas construcciones ideológicas de la izquierda. Ellos dividen el mundo entre los creyentes y los no creyentes. De hecho, los países musulmanes no firmaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos y crearon una nueva acorde con las enseñanzas del Corán. No creen que la especie humana sea una, ni que todos somos iguales, ni que todos merecemos igual respeto. En algún lugar leíste que la mentalidad musulmana divide a la humanidad en función a tres discriminaciones, la del infiel respecto al creyente, la de la mujer respecto al varón y la del esclavo respecto al amo. Mucho más habría que hablar para exponer la radical diferencia entre esas dos maneras de entender la realidad y la inutilidad de combatir un peligro aplicando unos remedios extraídos de un análisis erróneo del problema.


970.

Tú, en tu infinita ignorancia, intuyes que una de las maneras de derrotar al enemigo es meterse en su cerebro y comprender su mentalidad. La mentalidad es el principal de los motores del hacer humano. Para los terroristas islámicos que asesinaron a tanta gente en París, toda la conmoción mundial, las manifestaciones, las palabras de firmeza, las declaraciones de intenciones, incluso las peticiones de paz de aquellos que ya se dan por derrotados al estar abducidos por los aromas del desierto, no son sino cantos de capitulación. Para esos utópicos del pasado, la civilización Occidental y el mundo en general es un tinglado decadente y cobardón que no se atreve con ellos. Se estarán riendo en sus enclaves neocalifales de toda la algarabía montada. Sólo entienden de sangre y fuego. Y te temes que sólo con sangre y fuego pueden ser derrotados. No hay mejor cuña que la de la propia madera. Aunque crees que el mundo islámico debería resolver sus querellas medievales entre sí, hay momentos en que se debería actuar y darles una buena ración de su propia medicina. En este sentido, parte de tu admiración por los israelíes se deriva del hecho de que comprenden como nadie con quién se la están jugando y obran en consecuencia.


969.

Fascinados por la coherencia de Sócrates, la brillantez de Platón y el rigor de Aristóteles, los pensadores en Occidente han creído que la política es un saber acerca de la convivencia en el interior de la polis. Hubiera sido necesario que el resplandor de esos tres sabios no hubiera ocultado la auténtica cara del fenómeno político, una faceta que sólo supo apreciar y examinar la agudeza de Tucídides. En nuestra historia intelectual, parece que solamente Maquiavelo se dio cuenta de ese aspecto fundamental y confirió a Tucídides la relevancia que mereceía. La política no es un asunto de ordenar convivencias, sino de cómo asaltar el poder y conservarlo. Lo demás son excusas. Para saber sobre política es mejor leer a Tucídides.


968.

METAFÍSICA

Andan por el jardín botánico sobre el sendero de hojas caídas. La tarde no es demasiado fría. Anima a la conversación y al paseo porque los nubarrones que se adivinan en la lejanía no son sino una amenaza. Los dos hombres caminan envueltos en voces pronunciadas como susurros. Tienen una edad madura y un caminar reposado. Visten de forma sobria y convencional. Uno de ellos sigue indagando en las razones que han conducido al acompañante a tomar una decisión tan radical. El mundo no está para salir fuera de un recinto tan cálido como una facultad, renunciar a una carrera funcionarial y lanzarse a buscar un modo de vida. Más aún, si se tiene una edad que la gente asocia a una especie de chatarra humana. Todavía les quedan algunos años para la jubilación y su ámbito profesional no es, precisamente, de los que se coticen en la sociedad. El hombre interpelado la asegura que tiene todo más o menos organizado y que un familiar suyo, dueño de una empresa muy boyante, le ha prometido un puesto en el departamento de recursos humanos. No cree que le resulte difícil ponerse al día. Mientras tanto, cuenta con algunos ahorros, con la venta de la casa que tiene en la sierra y con su austeridad. En el curso de la charla, el primero le manifiesta su alegría porque ha dejado atrás sus problemas depresivos, el excesivo cuestionamiento de su vida, su carencia de límites en la reflexión. Da por admitido que reflexionar forma parte del trabajo que va a abandonar, pero es una actividad muy peligrosa si atraviesa la frontera de lo profesional e invade los terrenos de la existencia. Sonríe el otro paseante con un matiz de leve satisfacción. Introduce su mano en uno de los bolsillos de la chaqueta y saca un tubo de pastillas. Se detiene y hace detenerse a su amigo. Mientras le enseña el tubo, agita su contenido. Desde que el psiquiatra le hace ver que su problema no es metafísico, sino físico, la cátedra de filosofía, la facultad, los alumnos, la academia, todo se ha evapora como si esos nubarrones que se abren paso más allá de los edificios, al otro lado del parque, fueran dispersados por un soplo.