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METAFÍSICA

Andan por el jardín botánico sobre el sendero de hojas caídas. La tarde no es demasiado fría. Anima a la conversación y al paseo porque los nubarrones que se adivinan en la lejanía no son sino una amenaza. Los dos hombres caminan envueltos en voces pronunciadas como susurros. Tienen una edad madura y un caminar reposado. Visten de forma sobria y convencional. Uno de ellos sigue indagando en las razones que han conducido al acompañante a tomar una decisión tan radical. El mundo no está para salir fuera de un recinto tan cálido como una facultad, renunciar a una carrera funcionarial y lanzarse a buscar un modo de vida. Más aún, si se tiene una edad que la gente asocia a una especie de chatarra humana. Todavía les quedan algunos años para la jubilación y su ámbito profesional no es, precisamente, de los que se coticen en la sociedad. El hombre interpelado la asegura que tiene todo más o menos organizado y que un familiar suyo, dueño de una empresa muy boyante, le ha prometido un puesto en el departamento de recursos humanos. No cree que le resulte difícil ponerse al día. Mientras tanto, cuenta con algunos ahorros, con la venta de la casa que tiene en la sierra y con su austeridad. En el curso de la charla, el primero le manifiesta su alegría porque ha dejado atrás sus problemas depresivos, el excesivo cuestionamiento de su vida, su carencia de límites en la reflexión. Da por admitido que reflexionar forma parte del trabajo que va a abandonar, pero es una actividad muy peligrosa si atraviesa la frontera de lo profesional e invade los terrenos de la existencia. Sonríe el otro paseante con un matiz de leve satisfacción. Introduce su mano en uno de los bolsillos de la chaqueta y saca un tubo de pastillas. Se detiene y hace detenerse a su amigo. Mientras le enseña el tubo, agita su contenido. Desde que el psiquiatra le hace ver que su problema no es metafísico, sino físico, la cátedra de filosofía, la facultad, los alumnos, la academia, todo se ha evapora como si esos nubarrones que se abren paso más allá de los edificios, al otro lado del parque, fueran dispersados por un soplo.

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