1014.

HISTORIA DE UNA VOCACIÓN

RECUERDOS DE UN HELENISTA AFICIONADO

64

Un episodio chusco que demuestra la orientación que estaba tomando la instrucción pública allá por los años 90 del siglo pasado es el de la búsqueda de un nombre oficial para aquel centro. Debido a acontecimientos sucedidos antes de mi llegada, “El 20” había sufrido cierta fama entre el público en general. Resultaba que una profesora se había encontrado un comentario obsceno en su silla. En estos tiempos, ese hecho hubiera sido alabado como muestra de la liberación sexual de una juventud todavía aherrojada por los grilletes del franquismo. Por aquel entonces, la reacción fue dar parte a la autoridad. El responsable fue hallado y castigado. Los padres protestaron y la administración, preparando ya la línea dominante en el futuro, les dio la razón y desautorizó a la directiva y al claustro. Este hecho provocó en el gremio un movimiento generalizado de rebelión y manifestaciones. Fue uno de los últimos coletazos de dignidad en un grupo profesional hoy reconvertido a un papel similar al de la nanny en una familia de nuevos ricos resentidos.  En suma, eso de ser llamado “El 20” tenía cierta resonancia épica. Pero llegó el momento en que era preciso dotar al centro de un nombre oficial conforme a la costumbre. El órgano de decisión sería, como ya era corriente, el consejo escolar. Debatido el asunto en un claustro previo, yo propuse dos nombres: Publio Elio Adriano o Valdés Leal, personajes ambos vinculados a Sevilla y protagonistas de hechos relevantes en el ámbito de la política y del arte. No recuerdo cuál fue la decisión del claustro. Finalmente, los padres en el consejo escolar postularon el nombre de “La Paz”. Corrían los años de la I Guerra del Golfo y la sociedad, azuzada por la izquierda, estaba muy concienciada con la violencia de los EE.UU. y de Occidente, aunque en una actitud típica de los socialistas españoles, enviaron barcos de guerra con tripulaciones de reclutas y a la explosiva cantante de pop Marta Sánchez para calentar sus corazones y otras partes de su maltratado cuerpo. No es marginal decir que el barrio estaba dominado por el P.S.O.E. al igual que la asociación de padres. Como símbolo de que la instrucción pública es un ámbito de manipulación y lavado de cerebro con vistas a crear futuros ciudadanos-votantes afectos a la ideología dominante, el instituto pasó a denominarse “La Paz”, en vez de llevar por nombre una referencia a un patrimonio y a una tradición cultural. Alboreaba una época en la que el paraíso terrenal se impondría sobre la una humanidad hasta entonces doliente por culpa de las clases dominantes y de sus valores caducos. O en otras palabras, ser mansos antes que cultos.

Anuncios


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s