1063.

Otra muestra más de la hegemonía de ese fenómeno llamado por algunos “marxismo cultural” (especie de agustinismo laico que promete la ciudad de Dios en este valle de lágrimas) es la creencia general en el poder taumatúrgico del estado. Como si el estado no fuera una turba de seres humanos (funcionarios y políticos) sometidos a las pasiones y díscolos aprendices de la racionalidad. Los ciudadanos desean disfrutar de vidas confortables, seguras, donde sus aspiraciones se vean colmadas, y depositan esos objetivos en el estado, esto es, en el intelecto de sus controladores. Luego, se quejan cuando comprueban que el estado y sus programadores son impotentes ante las innumerables y descontroladas asechanzas de la vida.  Mientras prosperan aquellos países donde los ciudadanos confían en sí mismos, no en sus señoritos, para lograr aquello que ansían, otros sólo combaten para sembrar más estado, o, lo que es más estúpido, crear uno nuevo.

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1062.

Es cierto que en los centros docentes de las regiones donde los nacionalistas periféricos imperan, se adoctrina a los alumnos. Nada hacen que no sea marchamo de toda instrucción pública desde la Antigüedad, una característica que se hizo consciente y manejable con el triunfo de la ilustración y el trasvase del poder monárquico al poder de los ciudadanos agrupados en la Nación. Para desatar este nudo gordiano no hay que sustituir una nación por otra, sino dejar que cada tutor de criatura decida cómo prepararle para afrontar la vida. Quizá, cheque escolar; pero, seguro, derecho a decidir de cada individuo, no de un colectivo. En este caso como en todos.


1060.

Un elefante caminando abismado en sus intenciones a la busca de agua y de comida. Aplasta a cada paso cientos de insignificantes seres vivos, quizás miles. Así el elefante, la historia; así nosotros, los bichejos.


1059.

El multiculturalismo, la corrección política, el feminismo, el islam y tantos otros… ¡Ah, esas pústulas emergidas en la piel avejentada de la civilización europea!


1058.

Naces, te aburres mucho, sufres bastante, disfrutas algo y te mueres.


1057.

Llámate comunista y haz lo que quieras.


1056.

Manifestaciones en su sentido amplio. Y al final, es más apremiante consolar a los parientes de los asesinos que a los parientes de los asesinados. Para aquéllos, carteles; para éstos, olvido. Como siempre, se dirá que algo habrán hecho los muertos para merecer su destino.