1008.

Ya anteriormente apareció este fragmento de la Pasión según San Mateo de J.S. Bach. Vuelves a dejar constancia de una de las piezas musicales más hermosas nunca escritas.

 

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980.

Si hacemos abstracción de las imágenes cinematográficas excesivamente truculentas (diríamos que es una especie de manierismo modernista y hollywoodiense), es tremendamente sugerente pensar que sea cierto lo que se dice de este himno de la Iglesia Ortodoxa Copta, esa mártir de la proverbial “tolerancia” islámica. Lo razonable pone muchos obstáculos a la tradición que ve en esta música la que los antiguos sacerdotes egipcios entonaban mientras embalsamaban los cuerpos de los faraones difuntos. Entre el último faraón y la conversión al cristianismo de la población egipcia pasaron siglos. Probablemente, sea una falsa tradición. Pero es tan hermosa.


783.

De vuelta al Renacimiento de manos de John Dowland (1563-1626).

John-Dowland

Flow, my tears, fall from your springs!
Exiled for ever, let me mourn;
Where night’s black bird her sad infamy sings,
There let me live forlorn.

 Down vain lights, shine you no more!
No nights are dark enough for those
That in despair their lost fortunes deplore.
Light doth but shame disclose.

 Never may my woes be relieved,
Since pity is fled;
And tears and sighs and groans my weary days
Of all joys have deprived.

 From the highest spire of contentment
My fortune is thrown;
And fear and grief and pain for my deserts
Are my hopes, since hope is gone.

 Hark! you shadows that in darkness dwell,
Learn to contemn light
Happy, happy they that in hell
Feel not the world’s despite.

                     *    *    *

 Fluid, lágrimas mías, caed de vuestros manatiales.
Exiliado para siempre, dejadme que me lamente.
Donde el negro pájaro de la noche canta su triste deshonra,
dejadme vivir allí desolado.

 Abajo las luces vanas, no brilléis más.
No hay noches bastante oscuras para aquellos
que lamentan su suerte perdida en medio de la desesperación.
La luz no hace sino revelar la vergüenza.

 No permitáis nunca que mis aflicciones encuentren alivio,
porque la compasión ha huido
y las lágrimas, los suspiros, los gemidos
han privado mis cansados días de todo gozo.

 Desde la más alta cumbre de la alegría
mi suerte es arrojada,
y el miedo, la pena y el dolor para mi merecido
son mis esperanzas, porque la esperanza se ha ido.

 Oídme, sombras que habitáis en la oscuridad.
aprended a repudiar la luz.
Felices, felices los que en el infierno
no sienten el desprecio del mundo.