1087.

En la tarde fría de este abril desencajado se te va la mente en vuelo sin rumbo. Si la conciencia es el resultado de la acción de unas neuronas, puede ser que la reencarnación tenga sentido. Nada impediría que la espontaneidad del ser provocara una nueva coincidencia de neuronas similares a las tuyas y tu conciencia volviera a la vida. Al no ser propiamente las que ahora te hacen ser quien eres, la memoria de tu pasado no existiría. Se salva así lo que consideras el principal escollo de la metempsícosis. Sería el frío de este abril desapacible el que te devolvió a la tierra que pisas desde las esferas de la especulación y sentiste que, de verdad, no te apetece nada volver a nacer y tener que atravesar una (o infinitas veces) la vida, ese sendero de guijarros que se transita con los pies descalzos.

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1086.

Te encuentras con este pasaje releyendo las Historias de Heródoto. A veces, la clarividencia se hace un puesto en la niebla de la existencia.

[1] (…) Τραυσοὶ δὲ τὰ μὲν ἄλλα πάντα κατὰ ταὐτὰ τοῖσι ἄλλοισι Θρήιξι ἐπιτελέουσι, κατὰ δὲ τὸν γινόμενόν σφι καὶ ἀπογινόμενον ποιεῦσι τοιάδε· [2] τὸν μὲν γενόμενον περιιζόμενοι οἱ προσήκοντες ὀλοφύρονται, ὅσα μιν δεῖ ἐπείτε ἐγένετο ἀναπλῆσαι κακά, ἀνηγεόμενοι τὰ ἀνθρωπήια πάντα πάθεα· τὸν δ᾽ ἀπογενόμενον παίζοντές τε καὶ ἡδόμενοι γῇ κρύπτουσι, ἐπιλέγοντες ὅσων κακῶν ἐξαπαλλαχθεὶς ἐστὶ ἐν πάσῃ εὐδαιμονίῃ.

[1] En el resto de las costumbres, los trausos siguen las mismas que los demás tracios, pero en lo que respecta al que nace y al que fallece entre ellos actúan de la siguiente manera. [2] Los parientes rodean al que ha nacido lamentando la cantidad de males que deberá sufrir después de haber nacido y detallando todos los padecimientos humanos. En cambio, entierran al fallecido entre bromas y goces, añadiendo la cantidad de males de los que se ha librado en medio de su total felicidad.

Heródoto, Historias, V 4.1-2.


1085.

Aunque recientes estudios parecen demostrar que el ser humano tiene más fácil creer una mentira que una verdad, se te antoja pensar que la mentira precisa de una continua y permanente insistencia para velar su carácter fraudulento y cortar el paso a una verdad que, dejada a su albur, saltaría a la luz con toda evidencia. Así, la falsedad de la existencia de Dios requiere que sus apologistas ordenen un incesante recordatorio de esa entelequia. De ahí los ritos diarios, semanales, mensuales, anuales. Si no se forzara a pensar en Dios, éste desaparecería de escena. Otro ejemplo lo encuentras en ese sucedáneo moderno de la religión que es la ideología política. Cuanto más insista en imponer sus dogmas a sus sometidos, más falsas serán. Por eso, los regímenes totalitarios inundan de propaganda todo espacio público y privado. Y por eso las sociedades abiertas nunca tienen necesidad de adormecer el espíritu crítico del ser humano con su asfixiante recordatorio. La verdad no necesita venderse ni ocultar su esencia.


1084.

Ya sabes que detrás de la obsesión de los comunistas europeos por abrir las puertas a la inmigración de forma indiscriminada hay un programa de destrucción de la tradición cultural de Europa para poder crear sobre sus escombros la utopía de la sociedad sin clases. No obstante, sospechas que hay también su puntito de rabieta. A fin de cuentas, los comunistas son seres humanos, aunque crean pertenecer a una variedad superior de homines sapientes sapientes. La gente muere por vivir en la sociedad europea; sin embargo, muere por escapar de los países donde campa el comunismo.


1083.

Espumarajos por la boca está expulsando la progresía española porque una mujer, negra e inmigrante ha asesinado con alevosía, premeditación y crueldad a un niño de ocho años blanco y español. En su Evangelio, esa mujer pertenece a una clase limpia de cualquier tacha en función de sus accidentes sociales y biológicos. Ellos, los progres, apóstoles de la igualdad, niegan a la asesina el carácter más elemental de la igualdad, el de considerarla persona a secas y, por tanto, receptáculo de la parte oscura del alma humana.


1082.

πάντων δ᾽ ὅσ᾽ ἔστ᾽ ἔμψυχα καὶ γνώμην ἔχει
γυναῖκές ἐσμεν ἀθλιώτατον φυτόν·
ἃς πρῶτα μὲν δεῖ χρημάτων ὑπερβολῇ
πόσιν πρίασθαι, δεσπότην τε σώματος
[λαβεῖν· κακοῦ γὰρ τοῦτ᾽ ἔτ᾽ ἄλγιον κακόν].
κἀν τῷδ᾽ ἀγὼν μέγιστος, κακὸν λαβεῖν
χρηστόν· οὐ γὰρ εὐκλεεῖς ἀπαλλαγαὶ
γυναιξὶν οὐδ᾽ οἷόν τ᾽ ἀνήνασθαι πόσιν.
ἐς καινὰ δ᾽ ἤθη καὶ νόμους ἀφιγμένην
δεῖ μάντιν εἶναι, μὴ μαθοῦσαν οἴκοθεν,
ὅπως ἄριστα χρήσεται ξυνευνέτῃ.
κἂν μὲν τάδ᾽ ἡμῖν ἐκπονουμέναισιν εὖ
πόσις ξυνοικῇ μὴ βίᾳ φέρων ζυγόν,
ζηλωτὸς αἰών· εἰ δὲ μή, θανεῖν χρεών.
ἀνὴρ δ᾽, ὅταν τοῖς ἔνδον ἄχθηται ξυνών,
ἔξω μολὼν ἔπαυσε καρδίαν ἄσης
[ἢ πρὸς φίλον τιν᾽ ἢ πρὸς ἥλικα τραπείς]·
ἡμῖν δ᾽ ἀνάγκη πρὸς μίαν ψυχὴν βλέπειν.
λέγουσι δ᾽ ἡμᾶς ὡς ἀκίνδυνον βίον
ζῶμεν κατ᾽ οἴκους, οἱ δὲ μάρνανται δορί,
κακῶς φρονοῦντες· ὡς τρὶς ἂν παρ᾽ ἀσπίδα  
στῆναι θέλοιμ᾽ ἂν μᾶλλον ἢ τεκεῖν ἅπαξ.

De todas cuantas tienen aliento y juicio, las mujeres somos la criatura más desgraciada. En primer lugar, deben comprar un marido con una exagerada cantidad de dinero y tomar un dueño de su cuerpo, y ésta es una desgracia aún más dolorosa que cualquier otra. En tomar uno malo o uno bueno reside nuestra mayor agonía, porque no hay separaciones honrosas para las mujeres ni es posible repudiar al marido. Si llega a una tierra con otras costumbres y leyes, debe adivinar, puesto que no las ha aprendido en su casa, cómo servir de la mejor manera posible al marido. Si un esposo convive bien con nosotras, que padecemos estas penalidades, sin imponernos violentamente su yugo, nuestros días son envidiables; pero si no, es mejor morir. Un hombre, cuando se hastía de la convivencia con los de casa, sale fuera y libera su corazón de la aflicción dirigiéndose junto a un amigo o a un coetáneo. Pero a nosotras nos es obligado mirar a una sola persona. Dicen, razonando erróneamente, que nosotras vivimos una vida sin peligros en la casa y que ellos combaten con la lanza, ¡tres veces quisiera yo estar a pie firme con el escudo que parir una sola vez!

Eurípides, Medea, versos 230-251.


1081.

Menos mal que nadie en la manada feminista e izquierdosa sabe quién fue Eurípides, si no le habrían sometido a censura por haber escrito Medea.