1119.

PROTÁGORAS

EL SER HUMANO ANTE SÍ MISMO

 y III

Ruinas de Abdera

Ruinas de Abdera

Protágoras formó parte del grupo de profesionales de la oratoria (que es lo mismo que decir, política) que formaron a una generación de jóvenes en el arte de persuadir a sus conciudadanos en la asamblea. Dado que la asamblea era el órgano de decisión donde la soberanía del pueblo se manifestaba, dominar esa institución era tener poder. Protágoras pertenece a una primera hornada de sofistas que todavía parece mostrar un cierto prurito en mantener unos valores morales. Sus apreciaciones sobre la centralidad del ser humano y el agnosticismo respecto a la divinidad son pilares epistemológicos en los que sustentar sus criterios de actuación. Pronto, la sofística derivará en el relativismo y en la amoralidad, lo que provocará la reacción de Platón y su búsqueda de una verdad trascendente que supere la inmanencia neutra de sus adversarios. Este proceso nos muestra el principal peligro de la democracia como régimen político y, ampliando sus efectos, como principio moral para el fundamento de una sociedad. Admitir la variedad en que se manifiesta el ser, trasladarla como base al ordenamiento social puede llevar a aquello de que la verdad y la realidad no existen, sino que todo depende del color del cristal con el que cada uno las mira. Y también contra ese dominio de la opinión (δόξα, dóxa), que propone la inexistencia de una verdad general, reaccionó Platón estableciendo el conocimiento auténtico (ἐπιστήμη, episteme) como modo de acercamiento a una verdad realmente existente. De ahí brotará el árbol de las formas puras, o ideas.

Sin título

Ruinas de Turios

Ruinas de Turios

Protágoras nació en Abdera, o en Teos, en una fecha no precisa que oscila entre el 500 y el 481 a.C. Parece ser que tuvo como maestro a Demócrito y que fue el inventor de una especie de cojín (τύλη, tyle) que servía para hacer más livianos los bultos que transportaban los cargadores y cuya idea se le ocurrió al tener que sufrir él mismo como porteador la dureza del oficio. Hacia mediados del siglo V a.C. se instaló en Atenas y ejerció como miembro del grupo de sofistas que allí florecían al amparo de la importancia que la oratoria había adquirido por efecto del régimen democrático. Amigo de Pericles, participó en la fundación de la colonia ateniense de Turios, en la Magna Grecia, encargado de la redacción de una constitución, junto con Heródoto e Hipódamo de Mileto, quien trazó los planos de la ciudad. Acusado de blasfemia o de ateísmo (en el sentido moderno de ese término) por el contenido de su libro sobre los dioses, tuvo que escapar de Atenas en dirección a Sicilia, donde según unas versiones logró refugiarse o bien pereció durante el viaje en el año 416 a.C.

Anuncios

1118.

PROTÁGORAS

EL SER HUMANO ANTE SÍ MISMO

II

Pensar que el concepto de individuo, esto es, un ser racional único e irrepetible, dueño de su destino y de sus pasiones, dotado de libertad, nace en aquella Atenas puede ser cierto, pero es preciso añadirle otra característica que bien recalcó Benjamin Constant en su trabajo sobre la libertad de los antiguos comparada con la libertad de los modernos. Aquellos individuos no eran concebibles fuera de su polis. Su libertad consistía en participar y disponer de una parte proporcional de soberanía en la gestión de los asuntos públicos. De ahí que no existan retratos de aquellos hombres y haya que esperar a Roma para que la retratística alcance su cumbre. Es cierto que la educación recibida y el contexto social los impulsaba a un espíritu fuertemente competitivo y a buscar la excelencia, pero estos objetivos no estaban fundamentados en un deseo de fama personal, sino en el ansia de ser reconocido por sus conciudadanos como el mejor de los compatriotas. Lo que contaba al final, no era la gloria propia, sino la gloria de la polis. Esto es efecto de una transferencia producida en tiempos democráticos según la cual la fama individual ansiada por los antiguos héroes homéricos se trasladaba a la fama de la ciudad. Por otro lado, aquellos griegos eran personas tremendamente religiosas, si bien era un tipo de religiosidad que nos resulta bastante ajena a quienes hemos sido criados en un entorno social impregnado por el cristianismo. Tanto era así que para ellos un «ateo» no era una persona que no creía en los dioses, sino alguien desahuciado por ellos.

img-partenon

Protágoras, en los escasos fragmentos que quedan de sus obras, parece rebatir estas dos características mentales de su tiempo y provoca, de ser cierta la leyenda, su huida de la ciudad que lo había acogido y cuya élite intelectual y política había frecuentado y donde había sido acogido y admirado. Según nos cuenta Diógenes Laercio en su Vidas y opiniones de los filósofos más ilustres, Protágoras escribió: «el hombre es la medida de todas las cosas; de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son» y «acerca de los dioses, no sé decir ni que son ni que no son. Muchas son las cosas que impiden saberlo, como su oscuridad y la brevedad de la vida humana».

Continuará


1117.

PROTÁGORAS

EL SER HUMANO ANTE SÍ MISMO 

I

imagesSe dice que los griegos de la Antigüedad descubrieron al individuo. Esta afirmación debe tomarse como se toman todos los tópicos. Hay algo de cierto y algo de inventado con un leve toque de prejuicio en el sentido primario de este término. Del mismo modo, lo exótico de los mitos y la invención de la filosofía como su alternativa racional puede hacer pensar al profano que los griegos eran unos descreídos y que miraban a sus dioses con la misma mirada incrédula que lo hacemos nosotros, los modernos. Ante estas afirmaciones, lo que un helenista debe hacer es explicarlas y matizarlas para que se pueda comprender qué se agitaba en el fondo de aquellas mentes, tan lejanas en el tiempo y tan cercanas en la naturaleza humana a nosotros. Porque, si no captamos esos caracteres de la mentalidad griega nos será difícil entender la razón por la cual Protágoras fue expulsado de la ciudad de Atenas tras ser acusado de impiedad y por la que sus libros fueron quemados. Aunque, como todo lo relacionado con las vidas de aquellos griegos de la Antigüedad, estos hechos puedan haber sido inventados, con todo, sean ciertos o no, son buena excusa para el comentario.

descargaCuando uno habla de «griegos» en el contexto histórico de la Antigüedad, en muchos ámbitos culturales y civilizatorios, realmente de quienes se habla es de los atenienses y de quienes a la sombra de la Acrópolis y su prosperidad se apiñaron allí procedentes de toda Grecia durante el siglo V a.C. Atenas es el escenario donde Protágoras ejerció su labor en el momento de mayor prestigio y efectividad. No era ateniense de origen, pero supo aprovechar el ofrecimiento de dinero y reputación que aquella ciudad brindaba a quienes poseían valía en algún oficio y estaban dispuestos a sacarle provecho. Pero volvamos a la cuestión de la invención del individuo por parte de los griegos, o de los atenienses del siglo V a.C.

Continuará

 


1116.

SÓFOCLES 

EL DRAMATURGO DE LA TEMPLANZA

y VI

contentSófocles nació en el demo ateniense de Colono, hijo de Sófilo, un fabricante de armas acomodado que se permitió darle una buena formación intelectual. Colono es el lugar donde situará el escenario de la tragedia final de Edipo y donde también pondrá en escena a sus dos hijas Antígona e Ismena. La fecha de su nacimiento oscila entre 497 y 496 a.C. Como dije al principio de estas entradas, es fama que su carácter afable lo hizo ser apreciado entre sus conciudadanos. Este hecho contribuyó a que se contara con él para cargos y misiones a veces delicadas. Del mismo modo, su amor a la tierra natal le llevó a rechazar ofertas e invitaciones que le vinieron de otras partes de Grecia Ejerció el cargo equivalente a un ministro de Hacienda y formó parte del colegio de diez estrategos cuando éste estuvo bajo el mando de Pericles (441-440 a.C.), aunque sus funciones fueron más diplomáticas que militares. En el año 413, tras la derrota ateniense en Sicilia, se le eligió como miembro del comité que debía recoger las aspiraciones oligárquicas.

Sin títuloComo escritor, compuso un peán con ocasión de la introducción del culto al dios Asclepio en Atenas, ganó dieciocho veces el concurso de las fiestas Dionisias con sus tragedias y siempre contó con el favor del público. Desde el punto de vista del género, aumentó el número de integrantes del coro de 12 a 15, abandonó el esquema de trilogía que había seguido Esquilo y pasó de poner dos actores simultáneamente en escena a tres. Murió en 406/405 a.C. tras una larga y provechosa vida, poco antes de la derrota definitiva de Atenas en la Guerra del Peloponeso.

 

Teatro Herodes


1115.

SÓFOCLES

 EL DRAMATURGO DE LA TEMPLANZA

 V

ActoresSe ha discutido mucho si el verdadero protagonista de Antígona es la hija de Edipo o su tío Creonte. Bien pudiera ser que ambos compartieran ese papel. La una porque nos dice que debemos ser respetuosos con los dioses, porque a fin de cuentas no somos sino efímeros mortales y a ellos nos debemos. Y si esto nos lleva a morir, es un sacrificio justo y digno. Por otro lado, Creonte representa el peligro de quien ostenta el poder. Sófocles nos advierte del principal peligro en cualquier régimen político y aquel que la democracia ateniense se esforzó por evitar: la tiranía, o dicho en palabras contemporáneas, el abuso de poder. Ocupar el pináculo de la pirámide social lleva inevitablemente a olvidarse de la moderación, del respeto a los dioses que la propugnan y caer en la soberbia. Siglos después, los liberales, que son los únicos que entienden realmente lo que es una democracia, basarán sus ideas políticas en la limitación del poder. La democracia según Sófocles reside en controlar al que manda porque la naturaleza humana hará del gobernante un tirano en potencia. La desgracia, en definitiva, caerá sobre los dos protagonistas de la tragedia. Una, Antígona, morirá con honor. Otro, Creonte, verá desaparecer de su vida a sus seres queridos por culpa de su ceguera, de su alejamiento de la moderación que debe regir cada obra humana. Y, sobre todo, el ciudadano espectador no debía perder de vista que todo este edificio se basa en aquello que los dioses prescriben. Porque la democracia ateniense se basaba en la voluntad divina, no en balde, según Esquilo, es la misma Atenea, la protectora y patrona de Atenas, la que instaura el tribunal del Areópago.

Coro.jpg

Sófocles es el tragediógrafo del centro, no sólo por ocupar ese puesto en el orden de estudio de los manuales de literatura griega o por su espacio biográfico, sino porque representa esa centralidad moderada que debe informar una vida sana y una sociedad saludable. Años después Aristóteles lo diría en su Política, es la clase media con sus valores de templanza y moderación la que sostiene una polis democrática. Una moderación que deben mostrar los ciudadanos en primer lugar porque son los dueños de la soberanía y que deben mostrar también aquellos que son elegidos para gobernarlos. En esta pareja de intervinientes, sin embargo, la carencia de extremismos es mucho más importante en el caso de los ciudadanos, porque al gobernante se le limita si el régimen funciona bien, pero una masa desbocada no tiene quien le ponga límites. Esa lección tiene validez universal y llega a nuestros días. Su olvido provoca los mayores males a las sociedades democráticas. Sólo desde la moderación es viable un régimen de ese tipo, sólo desde una mayoritaria clase media es posible una democracia, sólo desde un control del poder es factible la vida en comunidad donde los derechos y los deberes de sus integrantes se combinen de forma armónica frente al caos al que abocan inevitablemente las tiranías.

Continuará


1114.

SÓFOCLES

EL DRAMATURGO DE LA TEMPLANZA

 IV

Edipo-Rey-Sofocles-1De todas las tragedias que escribió, la más conocida es Edipo rey. Le debe su fama, quizás, a la labor de Sigmund Freud o al hecho, cercano a la sensibilidad estética contemporánea, de que su desarrollo semeja en algunos momentos a una trama policíaca, con un crimen, un culpable, una investigación y el desvelamiento final sorpresivo. La maestría de ese Sófocles autor de tramas detectivescas avant la lettre reside en que el detective es el culpable al mismo tiempo y que la sorpresa le sobreviene al protagonista. El público está al corriente de lo que ha sucedido y contempla con asombro cómo el investigador va cayendo poco a poco en el pozo de la verdad. Con todo, a mi juicio, la tragedia más rica en sugerencias y contenido es Antígona. Decía Georg Steiner que la atracción de esta obra y su validez eterna descansa fundamentalmente en que nos presenta los cinco enfrentamientos más significativos del ser humano: el viejo frente al joven, la mujer frente al hombre, el individuo frente al estado, los vivos frente a los muertos y los hombres frente a los dioses. De este modo, se despliega ante nuestros ojos la panoplia de unos retos a algunos de los cuales todos nos enfrentamos en la vida, remontándose a una historia que se desarrolla en tiempos míticos y en cuya contemplación experimentamos el proceso que he descrito más arriba.

 

descargaEn mis tiempos de profesor de adolescentes y en mis intentos por acercar a esos jóvenes los conceptos éticos que se esconden en Antígona, les proyecté en clase la película titulada entre nosotros Solo ante el peligro (High Noon), filmada bajo la dirección de Fred Zinnemann en 1952 y con Gary Cooper como protagonista. (Aunque, dicho sea de paso, pronto me di cuenta de que para ellos el cine de vaqueros en blanco y negro les era tan ajeno como los propios mitos griegos.) Partía de la base de que la mitología de nuestro tiempo bien pudiera ser el género cinematográfico del Western. Tanto en la tragedia como en la película, los protagonistas hacen lo que deben hacer, aunque nadie los apoya, aunque todos a su alrededor les aconsejen que se abstengan y aunque sepan que el resultado de su acción va a ser la muerte. Por supuesto, obviamos las concesiones a los respectivos géneros que suponen en la tragedia la ruina efectiva de la protagonista y la salvación final de Will Kane en la película. Pero el mensaje es el mismo. Es evidente, con todo, que la tragedia alberga una mayor riqueza conceptual, pero cumple junto con el Western de aquellos años con su función de ilustrar al espectador ciudadano de una democracia sobre los valores que deben guiar su vida en sociedad.

Antigona.4.jpg


1113.

SÓFOCLES

 EL DRAMATURGO DE LA TEMPLANZA

 III

Epidauro

Sófocles despliega ante sus compatriotas el manual de conducta del buen ateniense en aquel contexto histórico. El ser humano es un animal social, como bien dirá Aristóteles tiempo después, un animal que vive en el colectivo propio de su naturaleza, que es la polis, esa reunión de barrios o poblaciones cuyos integrantes están unidos por una misma condición de poseedores de la soberanía. Si hiciéramos la pirueta mental de aplicar un esquema moderno a la Atenas de aquellos tiempos y cayéramos, conscientemente, en un anacronismo por mor de la mayor comprensión para lectores contemporáneos, diríamos que de los tres tipos de nacionalismo que hay, los atenienses se sentían miembros de una nación constitucional. No eran nacionalistas étnicos porque su raza la compartían con los espartanos y con otros muchos de sus enemigos. Tampoco era un nacionalismo cultural porque, de idéntica manera, su cultura era común con espartanos, corintios, argivos, eleos, y demás estados griegos. Su raza era diferente a la de los bárbaros, aquellos que hablaban extrañas lenguas, pero no era distinta de la raza de los tebanos o los beocios, cuyas lenguas, aunque divergían en algunos aspectos, era reconociblemente griega. Ni los dioses eran otros, ni las costumbres eran ajenas a las de lo melios o los samios. Aquello en lo que los atenienses si eran conscientes de pertenecer a una colectividad diferenciada y superior, rasgo de todo nacionalismo, es en su régimen constitucional. Se trataba de un ordenamiento social en el que la ley era el rey (nómos basiléus – νόμος βασιλεύς), en el que nadie estaba por encima de aquélla y en el que esa misma ley emanaba de la voluntad del pueblo soberano (démos – δῆμος) reunido en asamblea (ekklesía – ἐκκλησία), cuyos miembros gozaban de libertad política (eleuthería – ἐλεύθερία), de libertad de expresión (parresía – παῤῥησία) y de igualdad ante esa ley (isonomía – ἰσονομία)

AsambleaEse régimen es en el que vive y muere Sófocles y en el que cree tanto, que adapta la religiosidad tradicional y los recursos de un género para dejarle claro a los pertenecientes al seno de su polis que para ser un buen ciudadano hay que ser moderados, hay que cumplir con los dioses de siempre, hay que guardarse de creerse más de lo que realmente somos, unos seres caducos, limitados. Hay que estarles agradecidos a los dioses por habernos dado facultades superiores a los demás seres vivos y por hacernos semejantes físicamente a ellos, pero no debemos olvidar que ellos viven eternamente afortunados y que nosotros morimos, bajamos al Hades convertidos en sombras y que transitamos por una existencia llena de asechanzas y adversidades. Dado que nuestra salvación depende de nuestro grupo, nadie más afortunado que el ateniense que vive en un entorno tan privilegiado, pero al que no debe arruinar con la arrogancia y la soberbia (hybris – ὕβρις). El núcleo de este sistema ético es tradicional. Sófocles no innova. Como buen integrado en su entorno mental, responde a las creencias de siempre. Es un griego como casi todos, un creyente, y no hace sino fundamentar en la religión las formas de un régimen político.

Continuará