661.

Conectando con la entrada anterior, no resulta extraño que Venezuela, país orgullosamente socialista, tenga unos índices de delincuencia altísimos. Y se desvela la falacia tan socialista que afirma la causalidad de la violencia social en las desigualdades económicas entre la población.

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660.

Violencia y falta de libertad van de la mano. La cinta blanca, película de Michael Haneke y Las vírgenes suicidas de Sofía Coppola subrayan esta conclusión. En la primera, la violencia sacude a los demás; en la segunda, recae sobre las propias víctimas. Nada nuevo descubres después de haber leído Los ángeles que llevamos dentro (entradas 614 y 627). Ya ha quedado claro que a pesar de la opinión catastrofista de la gente, la sociedad mundial es mucho menos violenta que antes y, sobre todo, aquella parte que se incluye en lo que convencionalmente se conoce como Occidente. Si los índices de felicidad y de paz social son los más altos en países como Holanda, Noruega, Suecia, Nueva Zelanda o Australia no es sino porque, entre otros motivos, los índices de libertad individual son los más altos. Y nada te quita de la cabeza que la afición de los musulmanes a matarse entre ellos y a matar a quienes no les gustan se debe a la represión de todo orden que sufren sus sociedades, regidas por una mentalidad socio religiosa que para Occidente quedó anclada en la Edad Media. En todo lugar donde la mayoría de la población es musulmana, la violencia, más o menos larvada, brujulea entre sus integrantes.


659.

ESTAMPAS ANDALUZAS

 “Es un castigo, ¿sabes?, un auténtico castigo. Ya conoces que a mí no me gusta el flamenco. Nunca me han atraído esos hipidos, esas caras contraídas, ese follón, los taconeos, los gritos, el ambiente pretendidamente marginal, el gitanerío. ¿Qué quieres? Uno es un pijo culturalmente hablando. ¿Tendré que hacer penitencia y flagelarme, convertirme a la auténtica fe? Es un castigo, créeme, un auténtico castigo. En cualquier reunión donde aparezca un progre, se acaba hablando de las maravillas del flamenco. Forma parte del lote. Donde haya un ecologista, un sociata, un colectivista, un indignado, hay un aficionado radical al flamenco. Muchos te recuerdan la fe de los conversos. En tales casos, como conozco la materia prima, me callo. Pero los hay insistentes y acabas por confesar con la boca pequeña que no eres aficionado. Entonces comienza la segunda parte de la tortura. Que si tú no lo has escuchado bien, que si tú no lo conoces bien, que si le prestaras atención caerías redondo ante sus encantos. Generosos ellos ante el ignorante merecedor de ser salvo, se ofrecen a iniciarte gratis et amore en los misterios gloriosos del cante jondo. Como algunos se ponen pesados, intentas argumentar tus razones, aún a sabiendas de que en eso de gustos no hay argumentos. Pero para ese tipo de progre, no hay más razones que las suyas. Si todo va mal, acabarán llamándote facha por no adorar ese nuevo ídolo que los progres pasean por doquier en esta tierra como antes paseaban el ejemplar de El País: su cajón flamenco.”


658.

Después de leer este libro, te quedas con la impresión de que lo antiguamente llamado Humanidades va a quedarse en poco menos que los huesos. Tu formación esencial es de lingüista y filólogo. La primera faceta prácticamente ha sido arrebatada del ámbito de las letras para caer bajo el ámbito de las ciencias. Steven Pinker en este libro lo deja bien claro. Porque, además, su especialización primera es, justamente, la lingüística; pero desde el punto de vista de la psicología experimental y las neurociencias. Las tesis fundamentales del autor son que el lenguaje es un instinto adaptativo de la especie humana y que eso de que los límites de tu lengua son los límites de tu pensamiento está superado. Nuestra mente va más allá de nuestra expresión lingüística. Con lo que, de paso, se le da un nuevo golpe de gracia a la filosofía contemporánea. Pinker se declara seguidor de Noam Chomsky. Afortunadamente para él, sólo en cuestión de lingüística, no en sus desbarres políticos. El libro es denso y has tenido que saltarte páginas. En parte porque eran cosas sabidas y en parte porque la descripción de los experimentos en esta clase de libros se te hace pesada. Interesante, con todo, la lectura y clarificadora. La versión que has manejado es  una reedición en español de otra en inglés cuya primera aparición data de 1994, lo que da indicio de su vigencia

 Steven Pinker, El instinto del lenguaje, trad. José Manuel Igoa & Alejandro Pradera, Madrid, Alianza Editorial, 2012.


657.

Hay que reconocer que los dioses han concedido al homo mediterraneus el talento de corromper todo lo que toca. Incluida la puesta en práctica de las mejores ideas. No sabes dónde ni cuándo se inventaron las fundaciones. Su pretensión original era derivar hacia la sociedad parte de los beneficios que las empresas más boyantes ingresaban por su trabajo. Suelen ser compensadas por el estado con rebajas fiscales. En todo caso, son una excelente manera de asistir a la sociedad sin que cueste un céntimo al contribuyente o, en todo caso, por un coste mucho menor, contando con la lógica eficiencia de todo funcionamiento privado frente a lo estatal. Pero en España, país integrante del pelotón de los ribereños del Mare Nostrum, la mayoría de las fundaciones se han convertido en organismos que viven del presupuesto público. Justo lo contrario a lo que debe ser una fundación. Las que actúan desde el mundo de la empresa son contables con pocos dedos. La maraña del resto de las fundaciones son grupos que viven bien de las subvenciones. En concreto, las que dependen de partidos políticos y sindicatos oficiales son un gasto inútil. Sus supuestas ideas rara vez se llevan a la práctica cuando los suyos alcanzan el poder. Sólo sirven para colocar en puestos bien remunerados a aquellos miembros de la organización que ya no tienen utilidad en otros lugares. ¿No es eso corrupción?


656.

niebla1

EL JARDÍN DE GRAVA

INVIERNO

luna de invierno
palidece muriendo
entre la bruma


655.

ESTAMPAS ANDALUZAS

 P. y J.M. tenían un taller mecánico de automóviles donde se impartían cursos para desempleados. Los gastos originados por estos cursos en materiales, docentes y demás vituallas son sufragados por la Junta de Andalucía a través de los sindicatos oficiales. Ve de suyo que ambos tienen carnet del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de su sindicato, la Unión General de Trabajadores (UGT). Debido a la crisis actual, P. y J.M. han visto reducidas hasta tal punto las subvenciones de sus colegas de la Junta que han debido cerrar su taller. J.M. ha decidido marcharse a otra ciudad andaluza a probar suerte entre sus buenos contactos allí. P. ha preferido quedarse en el pueblo. Con un buen ánimo empresarial, ha buscado tres mujeres entre los grupúsculos del partido y ha creado una empresa de limpieza cuyos trámites, contrariamente a lo que suele suceder en Andalucía, se han resuelto en un plazo sorpresivamente rápido. Había mucha prisa porque estaba a punto de concluir la contrata del Ayuntamiento con otra empresa de limpieza del pueblo formada a iniciativa de unas cuantas mujeres en paro y que había sido contratada a iniciativa del anterior gobierno comunista. Como todo el mundo preveía, la empresa de P. se ha llevado la nueva contrata. Y es que, como ya se sabe, el Partido nunca abandona a los suyos.