1000.

Hace seis años empezaste este blog. Nunca hubieras supuesto que un día llegarías a numerar con el 1.000 las entradas que has ido construyendo. Todo comenzó un 27 de enero de 2010. Hoy no hay comentario aquí, ni relato, ni pensamientos. Sólo la intención, por el momento, de seguir adelante y de dar las gracias a quienes te leen.


994.

La única estrategia válida contra el neocomunismo es cegar sus vías de comunicación. Con ellos no se puede dialogar. El diálogo requiere la aceptación por parte de cada interlocutor de la razón como criterio de validación de los juicios. Una razón que se basa en los tres principios aristotélicos: el tercero excluido, el principio de identidad y el de no contradicción. Luego, la cualidad dialéctica consiste en idear y manejar recursos para demostrar que su oponente atenta contra alguno de esos tres principios. Los neocomunistas, sin embargo, como bien demuestra este artículo, no aceptan la razón como fundamento del diálogo, sino que recurren a otros dos criterios: la descalificación personal del oponente y el recurso a las emociones elementales del ser humano. Y contra estos procedimientos no hay argumentación posible. Si para rebatir sus opiniones se dice del contrario que es más feo que Picio, que es más malo que un dolor o que quiere matar de hambre a la gente, es casi imposible erigir argumentos que acudan al núcleo de las cosas para iluminarlas desde un punto de vista u otro. Hay que reconocer su habilidad política (entiéndase “política” como la técnica de obtener el poder y mantenerlo), ya que gracias a las neurociencias sabemos que los seres humanos nos movemos fundamentalmente por las emociones. Este hecho, sin embargo, no invalida la necesidad de acudir a la razón como única posible vía para establecer acuerdos. Por todo ello, el diálogo es inútil y la única opción posible es callarles y excluirles con todos los medios que la legislación vigente permite. Es el arma a su medida, porque se trata del modo en que ellos combaten a sus enemigos. Previamente al poder, intentan callar con los recursos antes descritos a sus enemigos y una vez copado el poder, crean una legislación liberticida que sustenta su eliminación total.


875.

HISTORIA DE UNA VOCACIÓN

RECUERDOS DE UN HELENISTA AFICIONADO

7

Si había algo evidente en mis características intelectuales era una absoluta incompetencia en Matemáticas. De ahí se derivaban mis dificultades para la Física y la Química. Más tarde, descubrí que las Ciencias Naturales me resultaban igual de abstrusas e incomprensibles, especialmente todo lo relacionado con la Geología, las piedras y demás manifestaciones semejantes. Uno de los pequeños traumas que jalonan mi infancia está cimentado en una de las tonterías que lleva a cabo cualquier niño y que para alguien como yo se convirtió en una herida que sangró durante mucho tiempo. Mi contacto con la Historia fue deslumbrante. Mayor que las clases de Lengua o las de Francés, que no me atraían nada. No quiero hablar de “Marías” como la Religión, la Formación del Espíritu Nacional (o “Política”), la Gimnasia o los Trabajos Manuales, que eran una tortura digna de los mejores tiempos de la Inquisición. Una mañana, escribí un papelito, de esos que se pasan los críos bajo la mesa con mensajes. Uno, como no es normal, en vez de comentar alguna característica ridícula del profesor o augurar actividades no permitidas, dejaba constancia en el papel que mandaba “a la mierda” las Matemáticas y que ensalzaba la Historia. El motivo de la misiva y el destinatario se han borrado de mi memoria. Como se comprueba, desde pequeño uno confirmaba el contenido de los comentarios que las amigas de mi madre hacían sobre mí en las visitas odiosas a las que se nos sometía a mi hermana y a mí con cierta frecuencia. “Este niño es un poco raro, ¿no?”. Suele ser habitual en las almas cándidas que cuando se atreven a cometer alguna fechoría sean descubiertas ipso facto. El profesor se percató del movimiento y reclamó el papel. Se le entregó y lo leyó. De los momentos posteriores sólo recuerdo la sensación de que hubiera preferido ser engullido por el Averno. Resultaba, además, que el profesor era de Matemáticas y que tenía una cierta amistad con mis padres. El buen hombre (porque lo era) había dado clases particulares a un primo mío que convivía con nosotros y que era como un hermano para mí. Ya en casa, el rostro cariacontecido reveló a mi madre que algo extraño pasaba. Confesé mi delito y ella me aconsejó que al día siguiente me acercara a don Manuel Nieto y le pidiera disculpas. Así lo hice convertido en un manojo de nervios y el hombre me dijo que se sentía dolido porque me apreciaba y apreciaba a mis padres. Alguna extraña amenaza sobre la negativa a darme a apoyo en caso de peligro debió de expresar porque resiste en mi memoria la obligación de demostrarle que las Matemáticas podían ser superadas y porque me impuse a mí mismo la obligación de sacar buenas notas en la materia que más odiaba. El siguiente capítulo se abre con la sensación del deber cumplido en el boletín de notas. No creo que fuera un sobresaliente en Matemáticas, pero sí una nota decente que salvó mi honor.


786.

HIJO

 Lo ve en la cuna, un diminuto adminículo donde la matrona le ha indicado que lo deposite. Llega la señora, oronda pero ágil, dispuestísima en sus andares y expresiones, con el amasijo de ropas en brazos. Al entrar en la habitación, las dos abuelas se abalanzan. Pretenden tomar el dominio de la criatura, pero la matrona las sortea hábilmente y planta los ropones en los brazos irresolutos del hombre. Tras un suave forcejeo con la nueva experiencia, la superficie arrugada de la cuna se le representa como una isla reparadora en medio del océano de incertidumbre. La criatura duerme. No ha llegado en medio de llantinas ni revoluciones. Sospecha de la cesárea. El hijo duerme y se chupa el pulgar de su mano derecha. Las abuelas vuelven a intentar el asalto, de nuevo repelido por los ademanes estrictos de la matrona. El hombre lo mira y no sabe. Ignora tantas cosas, está ajeno a la maraña que se arremolina tanto en la habitación como en su interior. Su vida anterior a este momento pasa por su memoria. Las auroras en compañía de ella, las mañanas, atardeceres y noches en unión; los viajes de cada verano a rincones inusitados, las cenas a la luz de velas y sometidos a las atenciones de expertos camareros y maîtres, los trajes, los vestidos de marca. Todo parece difuminarse en una neblina de opacidad y adioses. Pero más le atenaza el alma que por primera vez en su vida sepa lo que es tener miedo.

 


547.

ESTAMPAS ANDALUZAS

 

 


516.

La palabra clave hoy parece ser “austeridad”. Y la palabra maldita, “consumismo”. Lo que más te divierte, si no fuera trágico en las presentes circunstancias, es cómo tales vocablos son esgrimidos en las bocas de esos que los norteamericanos llaman bobos (bohemian bourgeois). Integran esta subespecie de la especie humana personajes bien situados económicamente que fingen vivir como hippies o bohemios. Son ecologistas, naturistas y alternativos. Aman presentarse en su estado primigenio en playas nudistas y te desprecian si les dices que tú nunca lo harías porque te da vergüenza. Odian el consumismo y alardean de una austeridad entendida a su modo. Hace poco, alguien por aquí, médico, de cultura estimable y boba, echaba pestes de quienes se gastan dinero en un traje nuevo de flamenca para la feria. Sin embargo, ella se gasta 1000 euros en ir a Barcelona a visitar a una especie de gurú que predica el retorno a la naturaleza. A ti, como es sabido, te desagradan las ferias, pero entiendes que cada uno hace con su dinero lo que le dé la gana. Sólo es exigible que sea ganado legalmente y gastado de igual modo. Los bobos, además, consumen todo en clave ecologista. Ellos pueden. Una familia normal jamás podría permitirse semejantes dispendios. Abogan por la bicicleta, pero no le hacen ascos al avión cuando les interesa viajar a esos Estados Unidos que tanto odian. Lo último: suelen casarse por la iglesia. Por todo lo alto, con gran dispendio y pompa. Cuando ante la noticia perciben cierto gesto de extrañeza en el interlocutor, se apresuran a expresar contrariedad y a decir que ellos no querían, pero que la abuela / abuelo / padre / madre / tía Pepita / tío Facundo se llevarían un disgusto. Se sacrifican, pues. Se suponía que tras el Mayo del 68 todos seríamos más sinceros y menos farisaicos.


508.

Hay un par  de razones esenciales por las que tu simpatía hacia el budismo no ha cuajado nunca en la adscripción a un colectivo concreto de practicantes. Una es tu reticencia hacia los grupos. A veces has cedido ante la presión ambiente y te has afiliado. Pero tu paso ha sido con frecuencia efímero, en pocas ocasiones relevante y casi siempre improductivo para tu personalidad e intereses. Junto a esta inclinación hacia el individualismo y la soledad hay, en el caso del budismo, otro motivo. Tu experiencia directa con alguna congregación e indirecta a través de lecturas, internet y medios de comunicación te ha llevado a la conclusión de que el budismo que practican en Occidente los grupos humanos ha recogido lo menos aprovechable de su origen y lo menos original de aquí. No se ha desenganchado de los rituales, las mitologías, las jerarquías. Pero ha obviado el desinterés originario por el devenir de la sociedad para sumirse en ecologismos, alternativismos, medicinas llamadas naturales, indignados, anticapitalismo, antioccidentalismo y demás parafernalia de la progresía europea y americana. Lo que algunos ven como una lacra del budismo, la carencia de una doctrina social, tú lo ves como el elemento más útil a nuestro momento en Occidente. El Buda pretendía ser un médico del alma. Y el alma (o la mente) nunca es colectivo, sino personal de cada individuo.